La misteriosa mirada del Flamenco

Francisco Félix Durán / Diario de Chiapas

La misteriosa mirada del Flamenco es una película del director chileno Diego Cespedes, quien nos muestra a través de una historia onírica y una de las más hermosas que he visto, que la ignorancia como siempre conlleva a la discriminación, violencia y exclusión de los grupos LGBTQIA+.

En un pueblo minero en medio del desierto, una bebé es abandonada en una cantina atendida por mujeres trans y es adoptada por Flamenco: “La bestia más bella de este desierto. La que durante el día es muy hermoso y la que durante la noche es extremadamente bella”.

En ese contexto, Lidia creció y cumplió once años, con madre, tías y abuela que los mineros rechazaban de día, pero adoraban de noche. Ellas le enseñan a defenderse de los hombres porque su género también corre peligro ante ellos y con sus vivencias descubre que el amor es lo que forma a una familia.

Por otra parte, la enfermedad llegó al pueblo y acusan a las mujeres trans de haber llevado la peste, en su ignorancia piensan que si las ven a los ojos serán contagiados e incluso se genera un movimiento para obligarlas a vendárselos. Nadie quiere contagiarse ni enamorarse de ellas a través de sus miradas. 

Es así como Lidia decide indagar el tema de la peste y por qué su familia entiende la violencia como parte de su cotidianidad, descubre mitos ridículos, escucha experiencias llenas de horror, pero también conoce gente sin prejuicios y que entiende la importancia de la igualdad.

Lamentablemente, por increíble que parezca la ignorancia y la discriminación persisten hasta nuestros días, en el Congreso de Chiapas, la diputada María Isabel Rodríguez Jiménez se atrevió a decir en la tribuna que “Si decidieron cambiar su género, que lo hagan en casa, pero que no vengan a implantar políticas que no queremos”.

Leíste bien, lo dijo en el recinto donde se deben velar por los derechos de todas y todos, pero lo verdaderamente alarmante es el gran apoyo ciudadano que obtuvo a través de redes sociales, poniendo en evidencia que vivimos en una sociedad con una grave aversión a la diversidad sexual.

Lo cierto es que como se muestra en La misteriosa mirada del Flamenco , el amor y la empatía no son cuestión de género, como tampoco lo es ser buena persona. Que quede claro que todos los derechos adquiridos son victorias, ninguno resta o elimina otros. 

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