Lilia Ma. Calderón / Las Margaritas
La ansiedad es una sensación que todas las personas pueden experimentar; es considerada como una emoción ante un riesgo que, en ocasiones no puede ser identificada, se utilizan términos como estar inquieto, nervioso y tenso para describir estados, que pueden llegar a alterar el rendimiento social, personal y académico, en circunstancias reales o imaginarias tanto en adultos como en niños.
Los siete trastornos de ansiedad se distinguen de la ansiedad normal diaria en que una es más intensa, se prolongan durante más tiempo o desemboca en fobias que interfieren la vida normal.
Los profesionales de la salud mental reconocen los siguientes trastornos de ansiedad:
• Trastorno de pánico: este viene destacado por episodios repentinos de ansiedad aguda e intensa que aparece de la nada, como mínimo una vez al mes se producen los ataques y la persona siente la preocupación de volver a sufrirlo, a menudo los ataques de pánico se hacen acompañar de miedos irracionales, como el temor a sufrir un infarto, enfermedades repentinas o volverse loco, el pánico puede resultar aterrador para la persona que lo sufre y sentir como que perdiera el control de sí.
• Agorafobia: es el miedo a sufrir ataques de pánico en situaciones que se perciben como poco seguras o en un lugar seguro (como en casa) o de las que se puede resultar difícil huir (como conducir por una autopista o hacer cola en una tienda).
• Fobia Social: es el miedo exagerado a sentirse incómodo o humillado en situaciones donde se está expuesto al escrutinio de los demás o en las que se debe actuar de algún modo.
• Fobia Específica: es el miedo fuerte y una acción de evitar un objeto o una situación concreta (como arañas, agua, tormentas, ascensores o aviones).
• Trastorno de ansiedad generalizada: se caracteriza por una ansiedad crónica y un estado de preocupación que se prolonga durante meses, con respecto a dos o más asuntos o actividades (como el trabajo o la salud). Son comunes los síntomas fisiológicos como la tensión muscular y las palpitaciones, no aparecen ataques de pánico ni fobias, pero estas inquietudes interrumpen en el trabajo, las relaciones sociales y el bienestar físico y mental.
• Trastorno obsesivo-compulsivo: se caracteriza por obsesiones recurrentes, pensamientos repetitivos, que no abandonan la cabeza de quien lo sufre y compulsiones, rituales llevados a cabo para disipar la ansiedad, lo bastante graves como para consumir mucho tiempo o provocar un pensar destacado como, por ejemplo: lavarse las manos continuamente o verificar las cosas repetitivamente.
• Trastorno de estrés postraumático: se caracteriza por ansiedad y otros síntomas persistentes, como imágenes del pasado e insensibilidad emocional, como continuación de un trauma agudo e intenso, como un desastre natural, un robo, una violación o un accidente, puede producirse también después de ser testigo de un acontecimiento relacionado con la muerte o la lesión de una persona la duración de la alteración es superior a un mes.










