Luis R. Gordillo
Tixtla Gutiérrez, Chiapas
“El tiempo vivido me parece largo, para llegar a una conclusión”
“Creo que es necesario hacer una pausa: para recuperar fuerzas y serenidad, a fin de que no haya un latido disonante”. El decano de la radio reflexiona con esta casa editorial sobre lo que él llama “mi formidable existencia”.
Nací el 19 de julio de 1944. Tuve una infancia infeliz, y ahora disfruto de una vejez feliz. Ha sido largo el camino. He tenido una existencia sobrenatural desde el día en que falleció mi madre, MARÍA DE JESÚS MOGUEL RODAS. Tenía once años. Justo ese día, un monje vestido de negro se me apareció para levantarme el ánimo. Se trataba del sacerdote libanés SAN CHARBEL MAKHLOUF, quien también quedó huérfano a los tres años de edad.
Hoy me preparo -como el águila para su último vuelo-, no con mucho optimismo, pero tampoco con pesimismo. Ya es hora de enfrentar los futuros desarrollos, de tal suerte que no me sorprendan los acontecimientos…
Mi vida ha sido, esencialmente, hablar, hablar y hablar. El Eterno Padre me dotó de una buena voz. El 7 de abril de 1965 presenté y aprobé el examen ante la SEP, obteniendo la certificación como Locutor Nacional. Días antes de esa prueba, nuevamente se presentó ante mí el santo libanés. En esa ocasión, me habló de su presencia comprometida conmigo y, especialmente, con las personas vulnerables, expuestas muchas veces a la injusticia.
Sin proponérselo, los locutores de La Voz de los Estados Unidos de América (VOA): Ramón Livi, José Pérez del Río y Enrique González Regueira, fueron mis principales maestros. Mi carrera se elevó gracias a la gran cadena espacial continental, con los proyectos Géminis y Apolo. Mis patronos, los señores Óscar López Camacho y Roberto Olvera Pomar, patrocinaron mi viaje para transmitir -vía telefónica- desde el Centro Espacial Houston, en el estado de Texas.
Hasta la fecha, permanezco firme ante los micrófonos de RADIO MUNDIAL y El Radiófono. Me llaman la atención las tendencias actuales de la inteligencia artificial (IA). Veo que, cada diez años, surge una nueva revolución tecnológica, a la que debemos adaptarnos quienes nos dedicamos a la comunicación del hombre con el hombre. A mis colegas les digo: no debemos sobreestimar el impacto de este fenómeno de internet, y es importante saber discernir bien entre la realidad y la ficción en las noticias.
En lo personal, todo lo he enfrentado con fe. Me arrepiento de haber ofendido -muchas veces sin proponérmelo- a la humanidad, así como a los seres del reino animal y vegetal. Sé que, en su momento, cada uno de mis actos cobrará su verdadera dimensión.

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