Eddie Rincoya
Guadalajara, Jalisco
Quizás la vida es una fruta podrida y nosotros, inevitablemente, la mosca que se alimenta de ella.
Hay películas hechas para ciertos momentos y, el pasado viernes, en el Auditorio Telmex, durante la inauguración de la edición número 41 del Festival Internacional de Cine de Guadalajara, me comprobó que Moscas, la más reciente película de Fernando Eimbcke, fue la historia adecuada para dar inicio al festival más longevo de todo México.
¿De qué trata?
Olga, una mujer solitaria que atraviesa un duelo silencioso, renta una habitación de su departamento a un hombre cuya esposa está hospitalizada. Él esconde a su hijo de nueve años, Cristian, quien se convierte en una presencia incómoda y que irrumpe la rutina rígida de Olga.
Su director
Fernando Eimbcke es un director y guionista mexicano. Hablar de él es hablar de uno de los cineastas contemporáneos más consistentes, alguien que ha plasmado en su obra la forma de vivir del mexicano entre las grandes selvas de piel y concreto. Esa forma de vida que a veces nos atormenta, esa soledad mexicanizada que se carga de maneras tan distintas.
Su filmografía incluye títulos como Temporada de Patos (2004), ópera prima multipremiada; Club Sándwich (2013); Olmo (2025); y ahora Moscas (2026), su cinta más reciente, donde confirma que está en una nueva etapa creativa, una que quiere decir algo sobre la familia y sus fracturas.
Su cine es minimalista, íntimo y profundamente observacional. Acompaña sus protagonistas hasta hacernos sentir lo que los atormenta. La existencia, con sus quiebres y silencios, aparece una y otra vez en sus historias. Su sello en blanco y negro -que él mismo ha explicado como un descubrimiento nacido de su amor por el cine clásico- no es un capricho estético: es una forma de mirar el mundo con honestidad y contención.
En Moscas
Eimbcke retoma un tema que atraviesa sus dos últimas películas ¿qué pasa cuando alguien de nuestra familia más cercana, está enfermo? Al terminar la función pensé en la infancia, en esa fantasía de creer que nuestros padres serán eternos. Moscas nos sumerge en esta transición emocional infantil, recordándonos que, ya adultos, olvidamos cómo se ve el mundo cuando lo miramos desde abajo, con miedo y con esperanza.
A veces, cuando le reprochamos a la vida lo que nos ha quitado, hasta el sonido de una mosca puede parecernos una molestia. Pero en esta historia, Olga nos muestra que aquello que no hemos cerrado regresa, nos confronta y nos obliga a ser quienes alguna vez pensamos que nunca seríamos. La realidad supera la ficción y la vida puede cambiar donde menos lo esperas y con quien menos imaginas.
Las actuaciones de Teresita Sánchez como Olga y Bastián Escobar como Cristian, son poderosas. Nos sumergen en cómo el dolor transforma bruscamente. Sus cuerpos hablan antes que las palabras; el silencio parece no tener color en sus miradas, pero a lo largo de la película descubrimos esa humanidad que repara el alma.
Recomendación
Moscas es una película para quienes buscan historias que se sienten, más de lo que se explican. Para quienes entienden que el cine es una medicina distinta, que se absorbe con la mirada y nos permite salir de nuestra realidad para reconocer lo diferente -y lo similar- que puede ser la vida.
Sin duda, es una película que hay que ver, sobre todo cuando se dice que en México la muerte se vive de otra manera, aun sabiendo que no es el final.










