Y SIGUIO MURIENDO
Uno se va muriendo poquito a poco.
Con ese caminar cansino
como si no pasara nada,
cuando la gente, sin darse cuenta,
te dice adiós, una voz interna
te dice que existes, pero,
vas dejando de vivir poco a poco.
Cuando ya solo te importan
los recuerdos,
insomne buscas tus amores,
abres anaqueles, fotografías,
libros subrayados, nombres,
en las hojas notas para
poemas,
relees a Sabines, a Neruda
escuchas a Silvio y lloras,
viejo, estas dejando de
existir, te despides en silencio.
Ensayas la vida fría,
en esa soledad eterna
donde se mezcla el cuerpo
con la tierra.
Miras el horizonte, sin verlo,
buscas en algún pliegue de tu camisa
la sonrisa juncal de la joven
que con esos ojos verdes te miraron
y tú sentiste rubor como quinceañero.
Torpemente devolviste la sonrisa
y la tarde fue una primavera.
El hombre enamorado de quimeras
de sueños imposibles,
por tiempos de espera.
El alma es atemporal,
juega con el tiempo y
las dimensiones, sola, en silencio.
LUCHAS DIARIAS
De luchas cotidianas, soledad de lo imposible
ciega de emociones, ciudad deshumanizada.
Te gentrificas vorazmente, se suman inmuebles,
matas los paseos por los que fuiste halagada.
Ciudad surcada por hermosas avenidas,
con camellones sembradas de flores.
HOY TE LLENAS DE EJES VIALES.
Enrique Flores Amastal










