Lisístrata
Pesa ver una foto de tu cuerpo
y conocerte en redes sociales,
¡como la correspondencia
de antaño!
pesa saber que: “debo mirarte bien”
el ojo humano, el ojo de Dios.
Planto un beso en el silencio,
donde quieren poseer tu cuerpo,
pero nada, no hay nada en la imagen.
El alma, ese ser extraño que lo habita,
no, no lo consideran en el deseo,
sedientos mastines corren al acecho.
Tus muslos bellamente formados
sostienen una promesa cumplida,
la vida surge del vaivén de tus caderas
paraíso tan lejos y tan cerca.
Lisístrata descubrió el mito,
adiestró a sus bellas combatientes
y doblegaron a los amantes guerreros
firmaron la paz para ser admitidos
en el mundo misterioso
del silencio.
El aroma de tu piel
El aroma de tu piel
envuelve los sentidos,
aromatiza la vida,
y alegra el deseo de vivir.
Déjame envolverme
en tu rubia cabellera,
porque así te veo niña,
rompamos las cadenas
del tiempo, volvamos
al principio, esos años niños
donde endulzaba tus labios
con sonrisas y jugábamos
con sueños.
Dame de aquel tiempo
tus andares seductores,
la esbeltez de tus senos inhiestos,
y los placeres prohibidos.
Déjame morder tus labios promesas.
Porque nuestras almas son jóvenes.
SOÑEMOS.
Enrique Flores Amastal










