Papel, tinta y verso…

Enrique Flores Amastal. Ciudad de México

El Interrogador

Mi generación soñó
imposibles: Democracia,
Libertad, se enfrentó al Estado:
2 de octubre de 1968, los masacraron.
Volvió el 10 de junio 1971, el mismo Hombre lo ordenó.
Enamorado de
imposibles, la “V” de la victoria.
Confiesa, dijo el interrogador, tus amigos
ya confesaron; estudié teatro,
me gusta el teatro social, eso le dije.
Me vendaron los ojos, me metieron
en un elevador, bajamos, entramos
a algún lugar y el que me llevaba dijo:
Este. Largo silencio, respuesta: No.
Me sacó del lugar y me llevó
con los demás detenidos.
La angustia aminoró, sentí protección
estando con los otros compañeros.

Abandono

El abandono disfrazado de hogar
con semejantes de la misma condición,
siempre diferentes.
Yo moriré algún día, en una hora definida,
nada cambiará
el destino, ni siquiera tu sonrisa,
también partirás tú, con tus alas de papel de china,
a lo mejor soñaremos lo mismo: el Padre azul.
Guardaré en mis pupilas el grandioso amanecer,
te tomaré de la mano, si es que estás en el camino,
igual que en el parque, cuando nos conocimos,
dejaremos todo lo pesado que no sea necesario
a nuestra nueva condición; si nos pesa el cuerpo,
lo dejaremos guardado, como si fuera un traje
o un vestido, que luciste en tu amanecer.

Todo es posible
Todo es posible con solo desearlo,
aquí el universo comulga con lo trivial.
Ha sido cierto que lo que soy
primero fue un sueño, un deseo;
hoy confirmo: Pide y se os dará.
He recibido mucho de la vida.
Danzas alegremente, desnudas
a tus compañeros: duendes y faunos
te desean tanto, como yo a ti
y sangran sus venas de nostalgia.

Enrique Flores Amastal

Compartir:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *