Enrique Flores Amastal, Ciudad de México
Me acostumbré a ti
Me acostumbré a ti
que me cuesta trabajo entender
la ausencia de tu cuerpo.
Existías antes de conocerte
pero para mi vida eras neblina,
solo en mis soledades te intuía.
¡Hoy, tienes rostro, tienes espacio!
En la quietud el viento susurra tu nombre,
hay pasión, desvelo y trascendencia
y todo se atrapa en un solo verso.
El amor no es lineal, no es circular,
es una cadena montañosa
con grandes picos elevados,
profundos valles enclavados,
ríos, llanuras y flores raras
que perfuman el viento.
¡El tiempo se ausenta
y crea eternidades momentáneas!
Me acostumbré a ti
que recordar es crearte.
Es humanizar lo cotidiano
que, a fuerza de ser pueril,
suicida el arte.
Hace tiempo que hacemos historia,
mujer, te formas en el espacio,
y te modelo con el pensamiento
porque, aunque existan nubarrones
sé, que nada permanece, todo pasa.
¡Entiendo así que la soledad
es silencio universal!
Iniciar un verso
Debo iniciar así, ¡estoy triste!
¿Cuál es la causa de esa tristeza?
Porque yo no soy Chaplin
y ella no es Oona.
Visualicé su imagen
desde muy tempana edad,
trece o catorce años,
entre niebla, solo contorno,
vivió conmigo, hasta que
se hizo presente.
Enrique Flores Amastal










