Lilia Ma. Calderón/Las Margaritas, Chiapas
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Sociedad digital y fragilidad humana
La personalidad es una construcción a partir de lo que cada individuo considera como elementos personales (memoria que recrea y ordena los recuerdos, ideales que se transforman en proyectos, proyección sobre una sociedad en que se quiere aportar y destacar); por tanto -y sin dejar de lado la profunda reflexión sobre la fragilidad humana- hay un aspecto proteico en esta pérdida de la individualidad que paradójicamente, une a la divinidad y su capacidad creativa.
Detrás de la pérdida hay una enorme fuerza: la capacidad de reinventarse/recrearse.
La identidad pues, es una atadura sujeta a la identificación (patria, familia, etnia, cultura), la personalidad es algo que se construye personalmente, vitalmente, sin dejar de llevar ese bagaje de un lugar, un tiempo, unas circunstancias, pero multiplicada y enriquecida de una experiencia que se enfrenta a la angustia de lo auténtico.
Ahora bien, en detrimento a las redes sociales, la cuestión de la personalidad real y/o la identidad, puede quedar marcada por la necesidad de destacarse en un momento determinado o por la acción de otros actores que colocan informaciones inadecuadas sobre la actuación de un sujeto.
Esta realidad es absolutamente paradójica -una red anónima que marca a sujetos concretos- y coincide con la desaparición del sujeto en general. Por un lado, se tiene una destrucción de la identidad y, por otro, una marca, una tacha, una mácula que queda para siempre en la irreal nube de lo digital, pero real presencia para ciudadanos con nombres y apellidos. Esta autenticidad lleva a determinados personajes a desear desaparecer sin conseguirlo; internet puede crear un grupo de personas marcadas por su pasado en las redes sociales (controlables para el acceso a un puesto de trabajo o a una subvención universitaria, para un posterior escenario público o profesional).
La autenticidad implica el control sobre el pasado, ya que es una construcción dinámica de la realidad. Lo “auténtico” puede ser una losa que impida el desarrollo atando a un pasado que no se desea continuar.
Internet es fundamental en el desarrollo de la personalidad. Se puede proyectar sobre la red el trabajo, los proyectos, las ilusiones y los ideales. Internet permite una construcción por etapas, en donde el sujeto es un súbdito o un nominativo, y en donde la personalidad es un material continuamente en construcción.










