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Recientemente, un equipo de científicos canadienses han observado que es común que, al momento de morir, el corazón se reactive. Unos cuantos latidos marcan la diferencia entre el plano terrenal y el fin de éste. Parece ser, según los resultados de esta investigación, que la muerte no es un proceso lineal.
El estudio se realizó en tres países distintos. Los médicos involucrados se dieron cuenta de que, en ciertos casos, los pacientes podrían recobrar la consciencia incluso después de perder el pulso cardiaco. Según los científicos a cargo, el espacio de tiempo más largo que pasó desde que el corazón se detuvo fue de 4 minutos y 20 segundos.
Dr. Sonny Dhanani lideró el proyecto de investigación. Como jefe de la unidad de cuidados intensivos pediátricos del Hospital de Niños del Este de Ontario, en Canadá, se vio interesado por esta brecha frágil entre la consciencia física y la trascendencia. Por esto, decidió investigar qué pasaba “antes de cruzar el abismo“.
Según las observaciones de Dhanani, es posible que el corazón vuelva a latir. Cuando esto sucede, se desencadena una reanimación cardiopulmonar conocida como “síndrome de Lázaro“: la persona se resucita a sí misma, y vuelve a ser consciente.
Esta condición, repetida en pacientes adultos de Canadá, República Checa y los Países Bajos, pone en duda los protocolos anteriores de donación de órganos y amplía el campo de estudio con respecto al acercamiento médico a la muerte.
Para el estudio, se consideraron más de 630 familias con pacientes que no tenían más posibilidades para sobrevivir. El equipo de científicos se sorprendió de que muchos de ellos recuperaron la consciencia por sí mismos, a pesar de estar moribundos.
Pareciera ser que Nietzsche tenía razón al asegurar que “el abismo te devuelve la mirada”.










