¿Te falta o te sobra fibra? 

Moi/Sofía Leviaguirre

La fibra es una de las grandes protagonistas de la alimentación saludable. Está en frutas, verduras, cereales integrales y semillas, y es clave para la digestión, la saciedad y la salud intestinal. Y muchísimas personas no consumen suficiente, peeero también existe el extremo opuesto y tampoco es bueno. Exagerar con la fibra puede generarte incomodidad y afectar tu salud. Entonces, ¿cómo saber dónde está el justo medio?

Problemas digestivos constantes

Si notas hinchazón, gases, dolor abdominal o estreñimiento, tu consumo de fibra podría estar desbalanceado. Aunque solemos asociar estos síntomas con falta de fibra, también pueden aparecer cuando la aumentas demasiado rápido o sin suficiente agua. La fibra necesita líquidos para moverse correctamente por el sistema digestivo. Si no te hidratas bien, puede endurecer las heces y dificultar la digestión. Además, cuando incrementas la fibra de golpe, las bacterias intestinales la fermentan, generando gases y molestias.

Piénsalo así: si no comes frutas y verduras al menos 5 veces al día, estás estreñido y llevas una dieta alta en proteína, lo más probable es que te falte fibra. Si comes muuuchas verduras pero sientes gases e hinchazón, quizá lo que te falta es movilizar la fibra con agua.

Si tienes fatiga sin razón aparente, uñas quebradizas, piel pálida o heridas que tardan en sanar, aunque no lo parezca, también podría estar relacionado con tu consumo de fibra. Cuando consumes fibra en exceso, especialmente por encima de lo recomendado, esta puede interferir con la absorción de minerales esenciales como hierro, calcio o zinc. O sea que tu cuerpo no está aprovechando los nutrientes que necesita. Este desequilibrio puede afectar múltiples funciones del organismo, desde tu energía diaria hasta la salud de tu piel y pelo. 

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