Martha Elba Zambrano Oropeza
Un espacio dedicado a la Asociación de Escritores y Poetas Chiapanecos, A.C.
Jorge Éver González Domínguez [email protected]
ESPERANZA
Es la abuela quien parece dirigir la sinfonía del paisaje, todas las tardes, sentada en su viejo sillón. Con su piel blanca sus mejillas lucen como granadas, sus manos frágiles tiemblan sin permiso cuando sostienen su rosario y sus ojos negros hablan, acarician y a veces lloran cuando su mirada se pierde en el infinito mundo del pasado.
En plena guerra cristera nació la abuela, en Santa María Cuevas, un pueblito ubicado en el centro del país, la zona más castigada por las nuevas leyes. Las iglesias permanecían cerradas confinadas al olvido, las imágenes santas ardían en las calles y en defensa de su fe los sepulcros aumentaban. En cada hogar se reflejaban las huellas del conflicto armado y el lugar se marchitó junto al rostro de los pobladores.
Tenía un mes de nacida, cuando su padre la envolvió en un rebozo, la abrazó fuertemente y subió a su caballo. Cabalgaron toda la noche con el frío del invierno que calaba sus huesos y con el tufo a muerte que emanaba de los cuerpos meciéndose en los árboles; hasta llegar al pueblo más cercano, donde clandestinamente bautizaban en el sótano de una hacienda. Todo se movía en silencio, con la pasmosa lentitud del miedo. Apenas unos sorbos de café y de inmediato los llevaron a un altar improvisado con solo unas velas encendidas. El sacerdote apresuró su homilía y preguntó en voz baja:-¿Cuál es el nombre de la niña? (Preguntó el religioso).
–Esperanza del Sagrado Corazón de Jesús, dijo orgulloso su padre… en el instante en que el silencio se rompió.










