Agencias
Diario de Chiapas
España dio en Tiflis una demostración de autoridad que la deja al borde del Mundial 2026. Con fútbol, intensidad y una superioridad incuestionable, la Roja aplastó 4-0 a Georgia en el Boris Paichadze Stadium.
España sabía que el duelo en Georgia podía ser un punto de inflexión en su camino hacia el Mundial, y lo encaró con la determinación de un equipo grande. Desde el primer minuto impuso ritmo, control y precisión frente a un rival que jamás encontró la forma de competirle.
La apertura del marcador llegó temprano, a los 9 minutos, después de una mano dentro del área que el VAR no dejó pasar. Mikel Oyarzabal asumió la responsabilidad y transformó el penal con total solvencia para el 1-0, un golpe anímico que condicionó por completo al conjunto local.
Con el resultado, España desató su mejor versión: circulación paciente, presión alta y un mediocampo que funcionó con sincronía. El 2-0 fue la obra maestra del encuentro: secuencia de 27 pases consecutivos que terminó con una pared entre Fabián Ruiz y Martín Zubimendi, para que el jugador del Arsenal definiera con sutileza ante el arquero Mamardashvili. Una jugada que sintetizó el ideario de Luis de la Fuente.










