Agencias
Diario de Chiapas
Fue un Superclásico de los buenos el de la fecha 15 del Torneo Apertura. Por el marco, por el horario, por el clima. Por el fútbol. Fue un Superclásico de los que se van a recordar. River Plate le ganó 2-1 a Boca Juniors en un Monumental repleto con más de 85.000 hinchas que se fueron felices por el resultado y por el espectáculo.
El fútbol argentino se debe a sí mismo partidos como este. Su grandeza merece que los principales choques tengan esta tensión competitiva, en la que sobresalen muestras de talento únicas, como la de Franco Mastantuono en el primer gol, que ya tiene su lugar en la historia de este duelo. Esta es la verdadera forma del torneo nacional.
River protagonizó su mejor actuación colectiva del año justo cuando más lo necesitaba. Ya había mostrado signos de mejoría contra Gimnasia y en el segundo tiempo ante Independiente del Valle, pero lo de la tarde del domingo fue mas completo. Ganó porque dominó el juego y dominó porque salió a protagonizar. Además, tuvo la lucidez para comprender cuándo llevarse por delante al rival y cuándo esperar, sobre todo a partir de la ventaja en el marcador.
Funcionó a la perfección el ingreso de Giuliano Galoppo en el mediocampo, hasta que salió lesionado e ingresó Maxi Meza. Enzo Pérez jugó como en sus mejores días: fue la figura del clásico por su inteligencia y voz de mando. Salió extenuado y ovacionado.
En tanto, Kevin Castaño demostró que su (corta) adaptación ya terminó y que es el futbolista con el estilo y el carácter que Gallardo necesitaba para esa posición. Sus pases verticales siempre con sentido le cambiaron la fisonomía al equipo. Desde ese trío se edificó la victoria riverplatense.










