La crisis que se avecina

Estamos a 12 días de que Donald Trump asuma la presidencia de los Estados Unidos y en su política populista ya hasta quiere cambiarle el nombre del Golfo de México por Golfo de América. Lamentable, pero qué ganas de fastidiar al mundo con situaciones que irritan, no porque tenga importancia el hecho, sino porque como niño, por capricho, quiere hacer lo que se le venga en gana.

Con su vecino país del norte, Canadá, ya prácticamente influyó para tirar al primer ministro Justin Trudeau, del partido Liberal, el cual, de acuerdo a los expertos en aquel país, tiene perdida la próxima elección y como cereza en el pastel, quiere adueñarse del país e incluirlo como estado 51 de la Unión Americana.

El poderío se empezó a gestar desde el momento en que ganó la elección, en noviembre del año pasado, y ahora se prepara para consumar su venganza racista de expulsar a millones de compatriotas mexicanos y de otros países que residen en Estados Unidos.

Los analistas, sin embargo, señalan que no será nada fácil cumplir con su populista promesa hecha a su gente que le dio el voto, pero con lo que logre hacer en sus primeras horas de su gobierno, la pesadilla del Estado mexicano apenas está por empezar.

Bien dicen que no hay dinero que alcance y el manejo de los recursos se pondrá a prueba para darle cabida a los cientos de extranjeros que el gobierno estadounidense piensa venir a “tirar” a la frontera norte y de ahí “háganle cómo quieran”.

El gobierno inició con una política envalentonada, donde respondía a cada comentario, propuesta o insulto del todavía presidente electo yanqui, pero hoy las cosas no son igual, conforme se acerque el 20 de enero, esta situación no dejará dormir a la presidenta Claudia Sheinbaum y a sus secretarios de Estado que tienen la misión de resolver este enigma que envuelve la política internacional. 

La situación es grave también para las personas de paso que intentan llegar al territorio norteamericano. Quién puede pensar que, llegando a la frontera, estando a un paso de los Estados Unidos, puedan ingresar a éste. Más si muchos van acompañados de niños ni imaginarse que intenten ingresar brincando barda, río o atravesar el desierto.

Hoy, contra todos los pronósticos, saben que se ha intensificado la vigilancia y no porque Joe Biden quiera hacerlo por iniciativa propia, sino porque no quiere que Trump le reclame que haya dejado abierta la puerta para que la migración entre como en su casa. Un error imperdonable que no quiere sufrir el vapuleado presidente que vive sus últimos días de gloria.

Ante la fallida migración de quienes están en tránsito por México, el caos se avecina, y no es que seamos pesimistas, pero cada día que pase habrá muchos problemas sociales porque estas personas querrán comer, subsistir y ante las limitaciones, el riesgo de actos delincuenciales podría no tener un final feliz.

O qué gobierno tendrá la capacidad para atender a los cientos de migrantes que serían concentrados en estadios deportivos, como le sugirió el gobierno de la República a la autoridad local de Ciudad Juárez, en donde podrían utilizar campos de béisbol para darse asilo. Por lo menos eso dijo el alcalde Cruz Pérez Cuéllar.

Esperemos que este boquete que ya tiene en sus manos el gobierno mexicano, sirva para emprender una política migratoria en la que intervengan todos los presidentes del Continente para que cada quien haga su parte en no permitir la salida de hombres y mujeres que son obligados a aventurarse por la vida, sin saber realmente si el sueño adorado se pueda cumplir.

El reto es complejo, requiere de mucho dinero, de esfuerzo, de un plan generacional, de eliminar la corrupción, de tener autoridades transparentes. Y sí, el tema no es nada sencillo, pero, bueno, algo tendrán que hacer los que se rasgan las vestiduras cuando andan en elecciones, donde dicen tener la experiencia y la capacidad suficiente para sacar a México del atolladero.

Ahora se entiende porque ante este negro panorama, las decenas de familias migrantes que se concentran en la planta baja del Puente a Desnivel Torre Chiapas, recién construido, no han intentado moverse de su zona de confort, por llamarlo de alguna manera, pues acá esperan el desenlace de la política que tenga Relaciones Exteriores.

Y hacen bien en no exponerse, pues mientras cientos más caminan rumbo a la frontera norte, se aprovechan del espacio público, e incluso hacen uso de los juegos infantiles, que hay que decirlo, la niñez le da vida a esta zona.

Además, la solidaridad de los chiapanecos se hace presente cada día pues no hay familia que no llegue para ofrecerles comida, ropa, zapatos u otros artículos que hagan menos tediosa su estancia. Por lo pronto, paliar la crisis que se avecina, será el reto mayor del gobierno mexicano si es que en realidad Trump se pone roñoso en su actuar y pensar.

Compartir:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *