Sinaloa y Rocha Moya, en la desgracia
Lo dijimos hace un par de días, la gran diferencia entre un gobernador legitimado con otro que está en funciones con calzador, es la forma en cómo conduce los destinos de su estado. Chiapas ha entrado en el proceso de la estabilización, la violencia poco a poco se aleja y eso le da derecho a Eduardo Ramírez Aguilar a recibir todo el apoyo de su pueblo.
En cambio, Sinaloa, con Rubén Rocha Moya, la situación es delirante, frustrante para los miles de habitantes de ese estado donde la violencia ya rebasó los parámetros de la “normalidad”, donde el cinismo y la complicidad por mantener a este este hombre al frente de los destinos de aquella entidad del norte del país, ha traído muerte, desolación.
La comparación no tiene límites y es hasta una grosería que se siga manteniendo como gobernador a una persona que en sus declaraciones quiere imitar los modales de su amigo el expresidente de México, Andrés Manuel López Obrador. Pero no, no es igual, aunque los resultados a la larga sean los mismos, este hombre no convence ni a su familia.
El gobernador Rubén Rocha Moya se hace el gracioso en sus conferencias de prensa, minimiza lo que acontece en su estado. Cree que con su débil postura convence a su pueblo de que la situación está controlada en Sinaloa.
Las estadísticas las tiene todas en contra y aun así no pone sus barbas a remojar. Es altanero y su altivez, su petulancia de que Sinaloa no es Ucrania, lo tiene confundido, sumiso en una oscuridad visceral para defender lo indefendible.
Escupe hacia arriba y se embarra. Las estadísticas no mienten: más de 600 homicidios en cuatro meses; más de 500 personas desaparecidas en el mismo lapso; cerca de mil 300 carros robados; dos mil 300 empleos perdidos; un millar de negocios que bajaron su cortina y decidieron huir de su estado.
La situación no podría ser más crítica, más desesperante. La población vive estresada, con el corazón a punto de salirse, reza el refrán popular en estos casos, y ciertamente, se requiere no tener compasión ni amar a su estado como para desenvolverse con esa despampanante versión de que en “Sinaloa no pasa nada”.
Pero para él la situación, insiste, está controlada, cuando a diario siguen apareciendo hombres en las calles tirados, amordazados, desmembrados, con el signo de la violencia extremista, producto del enfrentamiento a muerte de los grupos criminales denominados La Chapiza y la Mayiza.
Y más grave que el partido en el poder lo siga defendiendo, encubriendo en hechos de los que no ha podido defenderse, como el que sea acusado de la muerte de su archienemigo Melesio Cuén, asesinado el mismo día que Ismael “El Mayo” Zambada fue raptado y llevado a Estados Unidos, un hecho que hasta ahora el gobierno mexicano no ha sabido descifrar el cómo fue que pasó sin que, supuestamente, se dieran cuenta.
Con este tipo de gobernantes, a quien la frivolidad es la madre de todas las batallas, se le presentan escenarios grotescos, como el más reciente donde un padre de familia fue baleado cuando iba con sus dos hijos, muriendo los tres. Una tragedia a la que el mandatario responde con monosílabos, y con un “estamos bien”, intenta borrar la gravedad de la situación violenta que vive Sinaloa.
El gobierno de la República sabe que lo que se vive en Sinaloa es la de un “estado fallido”, donde la economía está por los suelos, donde ni la familia del gobernante le concede un ápice de credibilidad en lo que dice.
El problema, a aparte de la ingobernabilidad, es que nadie le dice al que llaman gobernador que se calle, que no abra más la boca y que si tiene un poco de dignidad, que renuncie, que deje la responsabilidad al secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch o mínimo, que se asesore sobre cómo actúan los cuerpos de seguridad en otras entidades que han padecido el mismo problema.
Desde el poder, desde el Congreso de la Unión, deben terminar las loas, la defensa a esa política de apoyar lo que no se puede defender. Que presente su renuncia y se impulse a gente que en verdad quiera que haya paz y progreso para Sinaloa.
Seguir protegiendo o solapando la impunidad tendrá sus repercusiones, así el gobierno se gaste millonadas de pesos en regalar dinero a la gente. La seguridad del habitante de dicha entidad es lo primero, antes que seguir apoyando a la Cuarta Transformación sólo por recibir unos cuantos pesos como dadiva.










