Sinaloa, con Rocha, el cinismo por encima del hartazgo social
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum tiene tanto en qué pensar con la política pueril desenfrenada de Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, como para echarse sobre los hombros la necedad de un hombre, que no quiere dejar el poder.
Aunque la política de Morena es no autodestruirse, pues pedirle la renuncia al gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, sería traicionar los principios que presume el partido en el poder de que haya gobiernos incompetentes, corruptos o que están impuestos, el caso de esta entidad raya en el cinismo y la falta de respeto que se le tiene a la ciudadanía, que a gritos pide paz en su estado, y, sobre todo, que se vea la mano del mandatario para poner orden.
Pero no, al contrario, al gobernador no le importa los reclamos que miles de pobladores de la capital sinaloense ha protagonizado en la última semana, a raíz de la muerte de dos niños, asesinados junto a su padre, por varios sujetos que los “rociaron” a tiros.
A Rocha Moya no le es suficiente las marchas, la exigencia de justicia, de la aplicación de la ley, para dimitir al cargo, porque un “pequeño” grupo inconforme no representa al grueso de la población que es más de tres millones de personas.
A quién quiere engañar este personaje que ya hasta ofensiva se vuelve su presencia en las conferencias semanales que da a los medios locales, con su parsimonia de buena gente, de templanza, de mesura, que quiere aparentar ante hechos en verdad que denigran la vocación de servicio.
Decir que no renuncia porque los enemigos del pueblo es la delincuencia y no el gobierno. Si el tío, como dicen los chiapanecos, no tiene en la mente que su función como representante de 3 millones de pobladores de dicho estado, es combatir la delincuencia, pues entonces qué jodidos estamos.
Que tiene que ver que su gobierno no reprima las manifestaciones, las protestas ciudadanas. No se trata de ello, señor Rocha, se trata de que, mínimo, atienda los reclamos y que dé la cara, que no se esconda cuando le llegan a tamborear la puerta.
Si el que gobierna Sinaloa es Rubén Rocha no Omar García Harfuch, secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, el que tiene que dar resultados en seguridad es el gobierno estatal, el que tiene que pedir apoyo si no puede es el gobernador y si en todo este proceso no puede, no quiere o es incompetente como se ve hasta ahora, pues que renuncie.
Más lamentable que todo el aparato de gobierno acuerpe al mandatario cuando en Sinaloa hay una irritación descomunal, producto de cuatro meses de estar en un “estado de guerra”. A Morena y todo lo que engloba esta palabra propiamente dicha como el poder por el poder, le debe poner atención a las consecuencias que de ello genere.
El hartazgo que el pueblo de México manifestó durante más de 80 años estando el PRI en el poder, a Morena se le puede reducir a una mínima parte si sigue con sus prácticas de apapachar a sus correligionarios.
El arte de la política no es el avasallamiento total, porque en esta práctica generalizada se pasa a traer hasta los que son adeptos.
No hay que ser muy ingenuo para pensar que el mandatario quiere desviar la atención adjudicándole el chistecito de que las marchas son obra de los partidos perdedores en la elección de Sinaloa donde él resultó ganador. No es creíble que, a estas alturas de la vida, donde los partidos apenas si tienen dinero para su plantilla laboral, tengan para patrocinar y pagar para a unos actores que simulan estar enojados y hasta el copete de tanta violencia, de tanta muerte, de tanto desaparecido”.
El PRI y el PAN están en esa condición de víctimas. No hay que intentar defender lo que no puede defenderse. Dicen sus comparsas que quitar de su puesto al gobernador no es la solución ni su dimisión resolverá los problemas de inseguridad, pues quizá tengan razón, pero una cosa si le agradaría al sinaloense: no estar escuchando ni soportando la conducta insolente de un gobernador cínico y sin corazón ante el dolor humano.
Si en Sinaloa no matan perros o gatos y cuando esto sucede hasta los defensores de los animales se encabritan y protesta, ahora imagínese que las víctimas son niños. Eso no se vale ni tiene perdón de Dios.
Ahora que, si la estrategia del gobierno federal es sacrificar al gobernador, como el blanco de las críticas, para desviar la atención a los otros problemas que tiene México en otras entidades como el gobierno de los Estados Unidos, entonces, la verdad, que poca vergüenza tienen, para no decir otra cosa.
Además, no se trata de quitar o poner gobernadores como se hacía en antaño, no, se trata de que haya gobernabilidad, paz, tranquilidad, desarrollo. Sólo eso, y si en ello va implícito que el gobernador se vaya, pues que así sea. En Chiapas por menos hechos sangrientos han renunciado mandatarios, ¿por qué entonces en Sinaloa no puede pasar lo mismo?










