Intrascendente, resolución de la Corte; TEPJF tiene el respaldo del Senado
La sesión que realizó el jueves la Suprema Corte de Justicia de la Nación para rebatir los excesos que comete el Tribunal del Poder Electoral de la Federación, aunque válida, justificada y correcta, es ya, como bien lo dijo en tono burlón el presidente de la Mesa Directiva del Senado, Gerardo Fernández Noroña, intrascendente, por la razón de que al poder Legislativo le vale un cacahuate lo que los ministros acuerden, pues nada de ello respetan, lo que es lo mismo que se pasan la Constitución por el arco del triunfo.
Y no es necesariamente de que no se respete lo que diga la Carta Magna, sino que ésta ha sido modificada de tal modo que lo que diga y haga el Poder Judicial queda sin efecto. La razón, sólo hay que recordar, es la mayoría absoluta o la sobrerrepresentación que Morena y sus aliados tienen en el Congreso de la Unión, donde están haciendo lo que les venga en gana. Su voto mayoritario es aplastante y por tanto no hay nada que hacer.
La Suprema Corte de Justicia de la Nación y el Senado de la República eran dos instituciones fundamentales en el sistema del gobierno mexicano. Hoy los reparos que hace la SCJN no tienen efectos, y sólo sirven para saciar la sed de venganza de los senadores que se sintieron ofendidos porque hasta antes de la elección y meses después de ésta, el Poder Judicial era el equilibrio perfecto a supuestas iniciativas radicales impulsadas desde el Ejecutivo.
Los ministros han aceptado que la Corte ya no es más el máximo tribunal del Poder Judicial Federal, encargado de defender la Constitución y vigilar que las leyes y actos de autoridad se emitan con apego a ella. A partir de septiembre próximo, todo lo que tenga que ver con juicios de amparo, controversias constitucionales y acciones de inconstitucionalidad, tendrán que ser analizadas y enjuiciadas por el Poder Judicial disfrazado de Morena
En contraparte, el Senado seguirá siendo el encargado de aprobar leyes, ratificar tratados internacionales y ejercer funciones de control político, todo a su antojo al no tener competencia o alguien que le haga sombra.
En los hechos, antes del avasallamiento, el Poder Judicial debería haberse enfocado a defender la Constitución y vigilar la legalidad, mientras que el Senado de la República, asumir a trabajar en la aprobación de leyes y ejercer funciones de control político.
La postura del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación respecto a las decisiones de la Suprema Corte de Justicia de la Nación ya no es un tema de debate. La Corte determinó que el Tribunal Electoral carece de facultades para intervenir en suspensiones emitidas en juicios de amparo, lo que ha generado una controversia sobre la competencia entre ambas instituciones.
El TEPJF había insistido en continuar con el proceso electoral, argumentando su carácter de máxima autoridad en la materia, mientras que la SCJN consideró que el tribunal electoral no tiene atribuciones para invalidar suspensiones dictadas por jueces de distrito.
Sin embargo, la orden está dada. Al TEPJF no le interesa en lo absoluto las patadas de ahogado que hace la SCJN, si tiene el aval y el respaldo del Senado. ¿Cuándo y dónde, siendo una república que respeta las leyes, se había visto ello? La respuesta es muy sencilla, en el poder que tiene Morena en la configuración política del Senado.
Gerardo Fernández Noroña ha cumplido al pie de la letra su función de gendarme o guardián de los intereses de la Cuarta Transformación. Su amplio conocimiento que le da la lectura no es compatible con la postura radical y de burla que asume ahora que está encumbrado en el poder.
Ahora ya no tiempo para el debate, la validez de la postura del TEPJF respecto a las decisiones de la SCJN es un tema que quedará registrado en el Diario de los Debates, al no proceder porque así lo ha determinado el oficialismo.
Así es que el que la Corte diga que los jueces federales y la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación quebrantó el estado de Derecho” con resoluciones sobre la reforma judicial, es ya una mera resolución para la historia, sin que tenga efectos retroactivos.










