La consulta en la autopista Ocosingo-Palenque; la democratización de las obras públicas

Ante la posible construcción de la autopista Ocosingo-Palenque, su proceso representó dos hitos: primero, se está concretando una obra de infraestructura que, ya es urgente para Chiapas, debido a que su construcción permitirá un acceso rápido y seguro a municipios con gran potencial turístico, y desde hace años era un proyecto inconcluso; por último y no menos importante, la construcción de esta obra que es necesaria para el desarrollo del estado, no se está realizando de manera arbitraria, al contrario, el pasado fin de semana, se realizó una consulta en los municipios de Palenque, Ocosingo, Chilón, Salto de Agua y Tumbalá, la cual resultó favorable para que esta construcción se realice, teniendo el beneplácito de los habitantes, quienes han sufrido las consecuencias de los bloqueos carreteros y la inseguridad.

Lo anterior deja en claro la viabilidad de una obra pública, tanto por su construcción y los beneficios que esta llevará; pero está el caso contrario, cuando no es del agrado de la población o atenta contra los intereses de grupos mercenarios, la cual boicotea el proyecto, que a la larga amenaza el desarrollo de una población.

En la historia de Chiapas, grandes proyectos de infraestructura beneficiaron a la población, en algunos casos sacrificó su patrimonio y herencia. La construcción de la presa La Angostura en La Concordia es un claro ejemplo: su proceso obligó a los pobladores a migrar, dejando de lado inmuebles y tierras, que según cronistas del lugar, eran fértiles. Tras la inauguración de la presa, se presentó otro problema: estaban incomunicados, al menos con otros municipios pertenecientes a la sierra. Cabe destacar que, en años recientes en La Concordia se inauguraron dos puentes, que resolvió una deuda histórica con el municipio y demostró la capacidad de la comunidad para exigir obras de calidad para la población.

Por otro lado, las obras no siempre resultan benéficas, recordemos la situación que se vivió en Atenco hace 20 años, cuando Vicente Fox, presidente de México y Enrique Peña Nieto, gobernador del Edomex, violentaron a los pobladores de ese lugar por el desplazamiento que estos sufrieron por unos terrenos que servirían para un nuevo aeropuerto. Aquí el Estado demostró la brutalidad e imposición para desarrollar una obra de infraestructura, que si bien era necesaria debido a la saturación del Aeropuerto Benito Juárez en la Ciudad de México, no contempló a sus habitantes.

Ahora bien, ya que mencionamos el Aeropuerto del centro del país, los proyectos de Texcoco y el AIFA resultaron polarizantes a la opinión pública: en el caso del Aeropuerto de Texcoco, su licitación resultó polémica, sobre todo en los costos y por el terreno, que a pesar de estar seco aún era viable para albergar ecosistemas y en temporada de lluvias representaría un riesgo para los usuarios; al final de canceló, pero esto resultó costoso para el erario público. En cambio, la construcción del AIFA resultó molesta, sobre todo por la oposición; su inconveniente al final es que resultó lejano al destino de los usuarios, dando como resultado que pocas aerolíneas quisieran usarlo como ruta.

Como bien mencionábamos en el editorial de la semana pasada sobre el potencial de Tuxtla como destino de convenciones, abordamos la necesidad de crear infraestructura adecuada para albergar estos eventos; no obstante, no se tomó en cuenta que los proyectos que vienen ya son necesarios, ya que la zona metropolitana de Chiapas crece a pasos agigantados, y hay que tener en cuenta que parte de la fuerza laboral de Tuxtla Gutiérrez no habita en la capital, sino en los municipios cercanos: Berriozábal, San Fernando, Coita, Chiapa de Corzo, El Jobo, entre otros, lo que congestiona a la ciudad y sus accesos, por ello los pasos a desniveles son urgentes.

Por ello resulta inquietante el actuar de cierto grupo emanado de la población civil: “Menos Puentes, Más Ciudad”, que se opuso rotundamente a la construcción del paso a desnivel en Caña Hueca: en un principio apelaban a una cuestión ambiental, sobre todo que su construcción traería la tala de arboles originarios y la reducción de fauna silvestre, y que el proyecto apelaba más al conductor de autos y no al peatón; estos argumentos son justificables, más aún en una incertidumbre por el cambio climático.

Pero, conforme se dieron las consultas, su actuar resultó más como un apéndice político que como un acto de conciencia ciudadana, ya que este grupo fungió como detractor del actual edil, Ángel Torres durante sus procesos de precampaña y en la misma elección; ahora bien, resulta hipócrita que algunos de los miembros de “Menos Puentes, Más Ciudad” se les vea con ciertos funcionarios aplaudiéndoles o siendo serviles ¿Acaso se les olvidó su compromiso ambiental?

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