La apatía ambiental nos está matando poco
El trabajo de investigación publicado hace dos semanas en este rotativo, denominado “Embovedados de Tuxtla, una bomba de tiempo”, con el que esta casa editorial, por cierto, da pie a la participación directa de los periodistas que se encargan de hacer la investigación que presentaron en el programa “Reporteros en el Estudio”, que se trasmite por las plataformas digitales de Diario Media Group, es la mejor prueba de que el cambio climático podría hacernos una pesada jugada que no quisiéramos que se presentara en la capital u otro municipio chiapaneco.
Sin embargo, los recientes escenarios registrados apenas en el comienzo de la temporada de lluvias y huracanes, ponen los “pelos de punta” ante la inminente posibilidad de que los fenómenos naturales se presenten en versión tromba, vientos, tormentas eléctricas, deslaves, como ya lo están padeciendo algunos poblados en Chiapas.
En Tuxtla las tardes se han convertido en una amenaza para que caiga la lluvia de forma intensa, pero afortunadamente, ésta ha pasado de largo. No así algunos municipios como Ocozocoautla, Cintalapa, San Cristóbal, Huixtla, Pantepec, Chilón, por citar los más recientes, donde las lluvias han dejado una estela de destrucción.
Cierto es que no habría porqué poner el “Jesús en la boca”, debido a que estos escenarios pluviales se presentan cada año. Sin embargo, hay que tomar en cuenta que la intensidad con la que llueve no se había presentado tan constante en años anteriores. Llueve poco, pero con una intensidad inusual que los especialistas señalan que esto es el efecto de años de descuido del ser humano con el medio ambiente.
En el inicio decíamos que los embovedados que tiene Tuxtla bajo sus entrañas, fueron edificados no hace 40 años como dice la autoridad, sino que estos tienen más de 60, pero como no son obras que “paren el cuello”, no se les mete mano.
De ahí la preocupación de que un día cualquiera, Tlaloc nos haga pasar un buen susto donde seguramente no rodarán cabezas, pero sí tendrán bajo su conciencia el que no se haya hecho algo por remediar esta situación.
En San Cristóbal de Las Casas hace unos días llovió a cantaros durante tres horas. Afortunadamente no hubo desgracias mayores, salgo el deceso de una persona, encharcamientos, casas anegadas, bardas colapsadas y vehículos varados. Se imaginan que la luvia durara un par de horas más.
La verdad que la inoperatividad de las autoridades de los tres órdenes de gobierno ha olvidado que la planeación urbana debe ser una prioridad para que se eviten tragedias. El caso, lógico, no es de ahora, tiene décadas en el olvido y esta negligencia podría pagar muy caro de no tomarse en cuenta la necesidad urgente de empezar a resolver este tipo de situaciones.
El cambio climático nos ha alcanzado. México lo ha empezado a resentir con intensidad. Justo en estos momentos hay noticias de que varias ciudades han colapsado por las fuertes e intensas lluvias que caen sobre el territorio.
Hasta hace una década, aproximadamente, los pronósticos meteorológicos no tenían el mismo impacto que hoy en día, y lamentablemente, los efectos atípicos están a la vista. En esta situación todos estamos involucrados, luego entonces es necesario endurecer las políticas públicas, pero que sea el propio gobierno es que empiece por respetar las normas ambientales.
Si bien Chiapas no es un estado industrial, si es necesario recordar que hace falta invertir en el cuidado del medio ambiente. La deforestación y la contaminación de los ríos ante la falta de plantas de tratamiento de agua residuales, están dejando atrás la creencia de que Chiapas es un emporio de naturaleza virgen.
Seguir pensando esta teoría es un problema que más temprano que tarde lo empezarán a pagar las nuevas generaciones. El exhorto es hacer lo que sea necesario para intentar revertir los daños, de no hacerlo en el corto tiempo el golpe será prácticamente mortal en el sentido de que aceleraremos la muerte de un mundo que no se quiere dar cuenta que ya adelantó su estancia en esta vida.
La apatía ciudadana y el desinterés público de las autoridades nos está llevando a no tener una vida digna en este planeta; aún estamos a tiempo de salvar al medio ambiente y con ello a nosotros mismos.










