Parece que el discurso oficial está fallido
La reciente elección del Poder Judicial provocó un escenario de escarnio entre Ricardo Anaya y Gerardo Fernando Noroña. La discusión que protagonizaron durante la sesión del martes pasado mostró los verdaderos atributos del panista que evidenció que su partido obtuvo más votos que quienes votaron por el partido guinda.
Cuando Ricardo Anaya, utilizando una gráfica que llevaban los senadores morenistas, mostró que Morena no obtuvo más votos como se dijo en un inicio, pues de los 13 millones que contabilizó el INE para Morena, 3.5 millones fueron votos anulados, el debate sereno y congruente se convirtió en una serie de palabras altisonantes, dignas de escucharse en un escenario como este, donde se escuchó de todo.
El tema no es al final lo más importante, sino que la escasa participación en la elección, descubrió que el concepto de farsa se quedó corto, no porque no hayan salido a emitir el sufragio casi 85 millones de electores, sino que el gasto brutal en la organización de los comicios para elegir a magistrados, ministros y jueces se realizó como estaban enlistados y apuntados en los acordeones.
Fueron millones que circularon por las calles de México; no hubo rincón en el país donde no se repartiera estos papeles, todo para tener un Poder Judicial paralelo a como piensa y actúan el Ejecutivo y el Legislativo.
Fuera de ello, lo importante y delicado es que otra vez ganó la ambición pues los miles de millones de pesos que se tiraron a la basura en una elección donde ya se sabía quién iba a ganar, bien pudieron invertirse para el sector salud, para la compra de medicamentos, para arreglar los hospitales que en esta temporada de lluvias se descubren como verdaderas chichinas o coladeras, donde el agua corre por doquier.
Ese dinero que salió de la nada para la impresión de los acordeones, más los más de 602 millones de boletas que se imprimieron en Talleres Gráficos de México, y que al final se van a la basura, afectando de paso el medio ambiente, son hoy un lastre para la economía de este país que ya no sabe dónde meterse con las políticas de Donald Trump, quien de acuerdo a su estado de ánimo de como amanece, nos da una zarandeada que ha puesto a trabajar a todo el gabinete, pero que al final no hay resultados que presumir.
Se imaginan que el voto costó para esta elección más de 530 pesos por cada persona que está en el listado nominal del INE. Una barbaridad si se toma en cuenta que la credencial de elector no rebasa los 10 pesos por persona, y eso que cada día aumenta el registro por la población que alcanzó la mayoría de edad en este querido México.
A nadie le conviene que los caprichos de los políticos se le sigan indilgando a los mexicanos. Eso pasó como resultado de los comicios del primero de junio del 2024, donde Morena vendió la idea de que, tras su triunfo, la ciudadanía, con su voto, exigió un nuevo Poder Judicial que habría que llevarlo a las urnas para que se decidiera su futuro.
La suerte ya estaba echada, los encumbrados ya lo tenían planeado, bajo el falso concepto de que fue una orden que los mexicanos dieron con su voto. Nada más falso que desde el Senado de la República y en la Cámara de Diputados quisieron hacer creer a todo el pueblo.
Lo cierto es que nuestros políticos se creen su política de que se hará lo que ellos decidan. Estas líneas las iniciamos con el pleito entre el panista Anaya y el morenista Fernández Noroña y bajo este panorama, se manifiesta que el camino de la democracia se ha equivocado.
Mientras unos tratan de convencer que no fue una elección justa y transparente, otros se enorgullecen de que la democracia triunfó. Lo peor, como se dijo, creen que los mexicanos se tragan el cuento de sus mentiras.
El que no hayan salido a votar en las elecciones del domingo primero de junio y que le hayan dado un revés a Morena en los comicios de Durango y Veracruz, avizora que las largas y tediosas clases de civismo, de historia, de honestidad, de transparencia y de política, son una farsa que parece se encamina a tener un destino distinto de Morena, contrario al del PRI, que duró casi el siglo en el poder. Significa ello que el discurso utilizado no es el mejor, tomando en cuenta que el líder moral anda descansando, escribiendo su libro para la posterioridad.










