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Editorial

No más condescendencia a falsos líderes en Oxchuc

Oxchuc otra vez. El pasado lunes San Cristóbal nos dio la penosa noticia casi casi mundial de la aparición del grupo “Los Motonetos”, armados hasta los dientes, en una ciudad de talla internacional por ser conocida como el principal refugio del turismo en Chiapas. Grupos de delincuentes caminaban como “Pedro por su casa”, cometiendo desmanes y generando terror. Su creación ya era conocida, pero no se tenía conocimiento que estuviera tan equipada, con armas mejores que las que porta la policía municipal y la estatal.

Este jueves, en Oxchuc, otro municipio cercano a San Cristóbal de Las Casas, volvieron a resurgir los tambores de guerra entre grupos antagónicos que se pelean la presidencia municipal. En dos ocasiones anteriores, las elecciones por usos y costumbres, fracasaron en su intento de elegir a su alcalde y cabildo.

Desolación y muerte sólo ha traído el fanatismo en el que se han visto envueltos los pobladores de este municipio por líderes mafiosos que se apoderan de la ignorancia del indígena, y a quienes azuzan para pelear hasta por un chicle.

Un tramo de esta carretera que enlaza a los municipios de la zona Norte y que comunica en sentido contrario a San Cristóbal y la capital Tuxtla Gutiérrez, fue tomada por un grupo de personas lideradas por Enrique López Gómez, excandidato a alcalde de esta localidad, quien quiere nuevos comicios para ser elegido por su gente.

La situación inestable y violenta de este municipio estratégico por su posición en la geografía chiapaneca se ubica como punto intermedio de comunicación terrestre entre las zonas Norte, Altos y Centro, donde tienen comunicación una treintena de municipios de forma directa. Si no fuera por esta posición clave, las diferencias por la disputa de la presidencia municipal y la obtención de recursos federales y estatales, su problema interno pasaría a segundo término.

En alguna ocasión lo habíamos dicho, el paternalismo que hizo el gobierno federal de entregarle becas y los apoyos del Copladem, fue el inicio de una descomposición social que supieron aprovechar los líderes para su beneficio personal. No es posible que ante la gama de recursos que se les destinen, se olviden de sus funciones como productores y se dediquen a esperar que cada mes les caiga la dádiva gubernamental. Lo decimos porque el campo se ha quedado rezagado. Se han olvidado de atenderlo, de sembrar.

Hoy sale más benéfico hacer bloqueos y sacarles el dinero a los automovilistas, hecho que no resuelve nada, pero soluciona momentáneamente el problema de liquidez para sustentar a sus familias y para echar el santo trago. Si no fuera porque no saben controlar los efectos etílicos en este último aspecto, no tendríamos porqué citar algo que es cuestión privada. Lo citamos porque bajo los efectos alcohol, se han cometido atrocidades como la quema de viviendas, de automóviles, tráileres, asesinatos.

El problema de Oxchuc sí que es difícil de solventar. El Instituto Electoral y Participación Ciudadana y el Congreso del Estado podrán acordar nuevas elecciones por usos y costumbres, hacer los preparativos y fijar fecha para los comicios, pero no se podrán de acuerdo. En Oxchuc no respetan ni saben asumir una derrota. Las diferencias políticas de grupo se trasladan a lo personal. Convocar a nuevas elecciones está bien, pero mientras no haya una verdadera reconciliación al interior seguirá siendo una tierra sin ley.

Los esfuerzos que haga la autoridad estatal a través de la Secretaría de Gobierno serán inútiles. La firma de convenios en la que los grupos asumieron participar en elecciones sin violencia la hemos visto, escuchado y constatado en los hechos desde hace décadas, y el resultado sigue siendo el mismo: no aceptan derrotas y con el paso del tiempo, con alcoholes encima, la reconciliación termina con resultados fatales.

Enrique López Gómez y su grupo aseguran que en nuevos comicios la población votaría a su favor. Si esto fuera cierto, mañana mismo el IEPC, el gobierno del Estado y el Congreso las estarían llevando a cabo, sin problema. Lo malo es que en Oxchuc sus líderes engatusan con fines de lucro, una cadena que continuará sin que haya cambios profundos.

Por eso, ante esta situación, la aplicación de la ley para quien trastoque los derechos ciudadanos, de terceros, tiene que ser la única vía para garantizar una sana convivencia y el desarrollo económico, social y político siga su cauce. Si se continúa en la vía de una mano endeble contra las atrocidades que encabezan los líderes de los pueblos sublevados, si prevalece la condescendencia contra los falsos líderes, la ingobernabilidad seguirá siendo el talón de Aquiles para levantar por el buen camino el desarrollo de los pueblos.

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