Qué importa que sea con o sin toga; interesa que haya justicia, a secas
El primero de septiembre será la fecha en que los ministros electos de la Suprema Corte de Justicia de la Nación entrarán en funciones de lo que será y se ha llamado la composición del nuevo Poder Judicial de la Federación.
Son 56 días que le quedan de “vida” a los magistrados que hoy encabeza Norma Piña, y quienes por más que levanten la cabeza para mostrar que su trabajo es digno de reconocerse, tendrán todavía en este lapso una metralla despiadada contra su trabajo, una, porque dicen sus oponen-tes que corresponde a lo que exige México, y otra, para seguir utilizando a los integrantes de la Corte, como meros paladines de los intereses de los grupos de poder que está por fenecer.
En septiembre entonces inicia una nueva etapa en la que los detractores del partido en el poder, aseguran que los servicios de la Corte estarán supeditados a lo que diga el Ejecutivo. En los discursos diarios de la vida política, se ha jurado y perjurado que los hombres y mujeres que gana-ron tendrán a México por delante, en el sentido de que honrarán su ejercicio en el marco del respeto y de lo que dice la Constitución.
En la práctica no tendría por qué dudarse, pues no se quiere tener experiencias de manejos en lo oscurito de casos trascendentales para el país, como fue exhibido el ahora funcionario de la Cuarta Transformación y antes ex ministro y ex presidente de la Suprema Corte, a quien el mismo expresidente de México, Andrés Manuel López Obrador, lo balconeó al aceptar que intervino en decisiones del Poder Judicial cuando Arturo Zaldívar fue presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Los nuevos ministros en teoría, deben desechar estos acuerdos cupulares, pero si a casi dos meses para tomar la batuta existen diferencias públicas en el uso de la vestimenta para presidir las sesiones, entonces no nos queda más que poner en duda si los procedimientos legales serán respetados
O acaso la controversia sobre el uso de la toga durante las sesiones de los ministros no debería ser un tema menor, sin importancia entre los ministros y ministras. Es más, no tendría por qué haber debate.
La población ha manifestado una división de opiniones para utilizar la vestimenta que le da formalidad y respeto a las sesiones. No hay que olvidar que la toga se utiliza en el mundo entero como sinónimo de autoridad.
No nos imaginamos que los estudiosos que son reconocidos por su alma mater o instituciones de prestigio otorguen un honoris causa a determinada persona que vaya a recibir los honores con vestimenta informal. No hay que andar inventando y dejar de andar viendo “moros con tranchetes”.
Si ahora se piensa que el uso de la toga es simbolismo de elitismo y la distancia suprema entre los magistrados, jueces y juzgadores con la sociedad no se está del todo equivocado, pues no hay que ir hasta la Suprema Corte para saber que habrá siempre una barrera para acceder con estos ministros y ministras que falazmente se han llamado del pueblo.
Y no es que su humanismo no se roce con las causas populares, sino que su trabajo dista mucho de la vida normal comunitaria, pero no solo a ese nivel, también se da con los diputados, sean estos federales o locales, con los senadores, con los alcaldes y alcaldesas.
Todos se sienten empoderados y aunque no vistan de una forma especial, en muchos de los funcionarios y funcionarias o representantes populares se sienten la octava maravilla.
No nos salimos de los parámetros establecidos desde un inicio, creemos, como se establece en los cánones de la historia, el usar toga es una tradición “arraigada en la historia judicial de México, que simboliza la autoridad y la imparcialidad de los jueces”.
Otra cosa es que en algunos casos especiales no se respete al violar la función del magistrado o ministro, al trasgredir los preceptos que les rige e impone respetar la constitución. Casos hay muchos, que quisiéramos no se vuelvan a repetir con este nuevo Poder Judicial.
Sin embargo, a manera de conclusión, qué importa que se le hagan cambios o modificaciones a la vestimenta, tomando en cuenta que el nuevo presidente de la SCJN es de origen indígena, si lo que realmente importa es que la justicia sea imparcial, pronta, expedita. Es decir, no más corrupción ni inclinaciones que favorezcan a los poderosos. Ojalá que así sea.










