La marcha por la gentrificación en la Ciudad de México, muestra los peligros de la especulación inmobiliaria

A menos de un año de celebrarse el Mundial de Fútbol de la FIFA, siendo la Ciudad de México por tercera vez, uno de los escenarios que concentrará a millones de aficionados del planeta; pero, esto lejos de verse como algo positivo, ya se están viendo los estragos.

La manifestación suscitada en la capital mexicana el pasado fin de semana en contra de la gentrificación, ya está generando estragos, ya que está dejando a los habitantes de los propios barrios y colonias sin casa ni derecho a la vivienda, debido a las especulaciones inmobiliarias en beneficio de los extranjeros, principalmente a esos nómadas digitales que proliferaron en la pandemia.

Y es que, en la cuenta regresiva para la celebración de tan esperado evento deportivo, las especulaciones ya están por las nubes; en este sentido, Aibnb con sus contratos ya está dejando sin hogar a miles de capitalinos, ya que aquellas vecindades icónicas son, por su estilo, las más demandadas por estos extranjeros hípsters y demás gentrificadores.

La protesta en cuestión que comenzó como una marcha pacífica, terminó siendo una trifulca donde la violencia preponderó significativamente; claro, esto también se trasladó a una guerra campal en las redes sociales, entre quienes defendían a los extranjeros y quienes los aborrecían porque su sola presencia encarece la vida del local.

De esta manera, el discurso entre la protesta social contra un fenómeno consecuencia del neoliberalismo y la sociedad de consumo, se desdibujó con los discursos de odio y de xenofobia, mismos que tomaron como excusa la llegada de estos extranjeros privilegiados.

Y es que, en estos contextos de migración y movilidad humana, es preciso diferenciar la presencia de ciertos grupos humanos en tránsito: los europeos o norteamericanos, quienes emanan de un país hegemónico y con un poder adquisitivo mayor, cuando ingresan a un país subdesarrollado, sin importar su estatus social, por su sola presencia genera un mercado especulativo sin control; en cambio, aquellas personas emanadas de un país, digámoslo más pobre, que llega a uno en cierta forma, mejor, será parte de los grupos marginales, tal y como sucede con los centroamericanos, africanos, cubanos y algunos sudamericanos.

Entonces, chairos y fifís en redes sociales se desgarran las vestiduras, defendiendo a sus extranjeros, a que incluso en eso, hay clases sociales, y eso está demostrado en como impactan los grupos humanos en la vida de una ciudad.

Fuera de esta discusión entre los estragos de la migración, los vacíos legales entorno al acceso a la vivienda, las especulaciones inmobiliarias sin control y el mismo malinchismo y vende patrias del propio mexicano, no ayudan en nada a minorar el problema.

Claro, el multiculturismo no es malo, es necesario para promover el crecimiento de los locales, lo complicado o complejo, son los abusos por parte de quienes, en vez de ser un aliciente, terminan siendo parte del problema: los turistas para muchas comunidades o pueblos son una fuente de ingresos, pero cuando estos se quieren establecer o apropiar de un contexto (que sólo por moda, sin mayor entendimiento), comienzan los problemas para los locales, quienes pagan los platos rotos.

Al parecer, las asignaciones de las sedes mundialistas ya traen consigo problemas, y garrafales: el Mundial de 2010 en Sudáfrica y Brasil 2014, trajo consigo la construcción de elefantes blancos o inmuebles que, tras el final del torneo quedaron abandonados, lo que demuestra la poca viabilidad, al menos para un país subdesarrollado de albergar grandes eventos; de hecho, las Olimpiadas de 2004, celebradas en Grecia, trajo consigo problemas de endeudamiento para la nación helenística, que tras dos décadas aún siguen pagando.

También, está de por medio la negligencia cultural en las asignaciones; el Mundial de Qatar 2022, polémico desde su asignación, nos dejó en claro la incongruencia: mientras se promueve la inclusión, incluso imponiendo sanciones ridículas a todo un país, como es el caso del cantico que los mexicanos hacen al equipo rival, mientras organizan un torneo en un país que atenta contra las minorías y las mujeres, mismos que la FIFA trata de hacerlos parte de su afición.

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