En caso Hernán Bermúdez, quieren dar “gato por liebre”
En una era donde los ideales de transparencia y honestidad deben ser los principios rectores de cualquier gobierno que se digne de representar a un pueblo, el actuar del Estado mexicano bajo la administración de la Cuarta Transformación (4T) parece más bien ir en sentido opuesto a estos principios.
El caso de Hernán Bermúdez, exfuncionario vinculado con el grupo criminal «La Barredora», es una clara muestra de esta contradicción. Mientras el gobierno del entonces presidente de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) pregonaba el fin de la corrupción y la opacidad, las acciones concretas parecen estar alimentando la desconfianza y la sospecha entre los ciudadanos.
El primer golpe a la promesa de transparencia llega cuando el gobierno decide cerrar el expediente de Hernán Bermúdez, un caso que podría ofrecer una ventana para entender la relación entre el poder político y los grupos criminales que operan en México. ¿Por qué, en lugar de abrirse a la verdad y permitir que las investigaciones sigan su curso, el gobierno opta por archivar el caso durante cinco años? Esta decisión no solo es incomprensible, sino que va en contra de lo que la administración de la 4T ha prometido: un gobierno abierto, sin corrupción y, sobre todo, transparente.
La justificación oficial para esta acción ha sido que mantener el caso abierto podría «entorpecer» las investigaciones. Sin embargo, lo que parece evidente es que el cierre del expediente genera más dudas que certezas, y aumenta las especulaciones sobre si realmente se está buscando la verdad o si, por el contrario, se están protegiendo intereses ocultos.
Si el gobierno realmente estuviera comprometido con la lucha contra el crimen organizado, abrir el expediente y dejar que la verdad fluya debería ser una prioridad, no una amenaza a la estabilidad del país.
Lo que está en juego aquí no es solo la transparencia de una investigación, sino la credibilidad de todo un proyecto de gobierno que se presenta como la antítesis del viejo régimen. El discurso de la Cuarta Transformación ha sido claro en su crítica a los gobiernos anteriores, acusándolos de ser cómplices de la corrupción y el encubrimiento.
Sin embargo, los actos de la administración actual parecen dar pie a la misma sospecha. Si el gobierno no es capaz de garantizar que sus investigaciones no estén siendo manipuladas o frenadas por intereses oscuros, ¿cómo podemos confiar en su promesa de cambiar el rumbo del país? ¿Dónde queda la pulcritud cuando las acciones no coinciden con las palabras?
El caso de Hernán Bermúdez se convierte así en un símbolo de la desconexión entre lo que el gobierno dice y lo que realmente hace. La opacidad que rodea el manejo de este expediente no es un hecho aislado, sino parte de una tendencia preocupante que ha acompañado a la Cuarta Transformación en diversos casos de relevancia pública.
La falta de claridad en temas como la contratación de funcionarios, el uso de recursos públicos y la relación con ciertos grupos de poder ha creado una atmósfera de desconfianza. La promesa de un gobierno transparente parece cada vez más un discurso vacío cuando se enfrenta a situaciones que requieren acciones claras y contundentes.
Defender a capa y espada a los políticos encumbrados en el primer círculo nacional, cuando las evidencias dicen todo lo contrario, es una forma de tomarle el pelo a los mexicanos. Si la dirigencia nacional de Morena ha pintado su línea divisional del pasado con el presente, pues hay que sujetarse a la verdad y no andar dando tumbos sin dirección, sólo para intentar desorientar a la población, que hay que repetirlo hasta el cansancio, ya no se traga las mentiras.
El cierre del expediente de Hernán Bermúdez no solo deja un sabor amargo, sino que también alimenta una percepción de que, tal vez, no todo es tan claro como se nos quiere hacer creer. ¿Acaso se está ocultando algo más profundo detrás de este caso? La sombra de la complicidad, de la falta de voluntad para enfrentar a los actores corruptos que aún operan dentro y fuera del gobierno, parece seguir acechando. ¿Por qué el gobierno se empeña en dar atole con el dedo al pueblo mexicano, cuando este merece respuestas claras, sin medias tintas?
El tema no es trivial. En un país donde el crimen organizado ha tejido redes profundas en todas las esferas de la vida política y social, casos como el de Bermúdez no pueden ser tratados con opacidad.
La gente no quiere “gato por liebre”, quiere respuestas y acciones de aplicar la ley para todos aquellos y aquellas que hoy se pavonean como los grandes transformadores, pero que en realidad su transitar denota miedo, y aunque no haya justicia, la divina o la de esta tierra, se palpará en cada paso que den porque desde hace unos meses, su accionar ya no tiene paz, están más marcados que el cuerpo de un marasalvatrucha.










