El legado de Aquiles Espinosa: mototaxis, una bomba de tiempo

Lo advertimos en su momento y nadie quiso escucharlo: el cochinero provocado por la corrupción durante el sexenio pasado en la Secretaría de Movilidad y Transportes de Chiapas, bajo la dirección de Aquiles Espinosa García, hoy cobra factura. Y no se trata solo de un problema administrativo; es una crisis de seguridad, legalidad y gobernabilidad que afecta directamente a miles de chiapanecos.

En su paso por la Secretaría, Aquiles Espinosa convirtió el tráfico de concesiones de taxis y colectivos en un lucrativo negocio. Lo que debería haber sido una gestión orientada a mejorar la movilidad del estado, se transformó en un aparente esquema de favoritismo y corrupción. Sorprende —y al mismo tiempo indigna— que hoy este personaje ocupe cargos dentro del gobierno federal, cuando su lugar, por justicia elemental, debería estar en el penal de El Amate. En Chiapas, pareciera que ser tramposo es más bien una credencial para seguir escalando en el poder. Una burla más al pueblo.

El corazón del problema, sin embargo, se encuentra en la entrega indiscriminada de permisos para mototaxis, una figura que, si bien podría ser útil en contextos muy específicos, fue utilizada como moneda política y económica, sin planeación ni regulación. Municipios enteros recibieron “rutas alternas” que nunca fueron verdaderamente evaluadas ni integradas a un plan de movilidad sustentable. Lo más grave es que se otorgaron permisos incluso en colonias periféricas de Tuxtla Gutiérrez, donde ya existían rutas formales de colectivos y taxis. Como consecuencia, el sistema de transporte urbano se desestabilizó por completo.

Hoy, colectiveros y taxistas enfrentan pérdidas diarias que alcanzan el 50% de sus ingresos, en parte por la competencia desleal de mototaxis irregulares que circulan sin placas, sin permisos y sin seguros. A ello se suma la creciente inseguridad vial: los mototaxis circulan sin precaución, cortando camino por calles y avenidas, poniendo en riesgo a peatones y pasajeros. Esto ya no es un hecho aislado, es parte del paisaje cotidiano de muchas colonias populares.

El conflicto ha escalado. Esta semana, transportistas del servicio colectivo realizaron una manifestación frente a las oficinas de la Secretaría de Movilidad y Transporte, exigiendo el retiro inmediato de los mototaxis que operan en rutas ya concesionadas, afectando particularmente a las rutas 5, 42, 50, 70, 83 y 117. Estas rutas conectan a colonias como Real del Bosque, Plan Chiapas, Satélite y Ruiz Ferro, donde, al suspenderse el servicio formal por la crisis, los habitantes enfrentan serias dificultades para trasladarse a sus centros de trabajo

Las denuncias son claras: los mototaxis invaden rutas, cobran tarifas más altas, no cuentan con seguros, y provocan bloqueos de paso en vías transitadas. A esto se suma una creciente molestia por parte de los ciudadanos, que acusan negligencia de las autoridades al no responder ante las quejas formales interpuestas en colonias como Vida Mejor, donde incluso un altercado en un evento público fue ignorado por las autoridades.

La realidad es que los supuestos “operativos” de regulación no han dado ningún resultado. No es descabellado pensar que hay complicidad entre algunos funcionarios y los mototaxistas irregulares, dado que los vehículos continúan circulando sin restricción alguna, incluso en vialidades federales. En zonas como Plan Chiapas, los mototaxis operan sin control, saliendo hasta la parte baja de Vida Mejor como si se tratara de una flota autorizada, cuando en los hechos representan un serio problema de movilidad e inseguridad.

Los colectiveros han sido claros: esta situación lleva gestándose más de tres años. Se dejó crecer sin control, y ahora se pagan las consecuencias. La pregunta obligada es: ¿dónde está Aquiles Espinosa? ¿No sería lógico que el artífice de este desastre viniera ahora, con la misma soberbia que mostró en su gestión, a dar la cara y resolver el problema?

El conflicto está lejos de solucionarse, y la amenaza de bloqueos crece. Si no hay acciones firmes y decididas por parte de la actual administración estatal, la desestabilización del sistema de transporte en Chiapas será inevitable. Más aún, los transportistas aseguran que, de no haber respuesta inmediata, exhibirán públicamente la imagen de Aquiles Espinosa García como el símbolo del desastre en el que se encuentra hoy el transporte público en la entidad.

Porque esto no es solo un tema de movilidad: es una advertencia sobre lo que ocurre cuando la corrupción se institucionaliza y no se castiga. El pueblo de Chiapas merece respuestas y justicia.

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