Investigar al edil de La Concordia
En México, los casos de presunta corrupción se ventilan al por mayor en los medios de comunicación y en las redes sociales de moda. Nadie, ni siquiera los hijos del expresidente de México, Andrés Manuel López Obrador, se ha escapado de las denuncias en su contra por hechos consumados de actos ilícitos que han derivado en enriquecimiento, según diversas investigaciones periodísticas.
Pese a ello, tanto en el pasado gobierno como en el actual, no ha habido investigación alguna, mucho menos la detención de algún “pez gordo” que haya osado desobedecer los principios de la llamada Cuarta Transformación, que dice “no robar, no mentir y no traicionar”. Y, a cómo van las cosas, parece que tampoco las habrá.
Ahí está, por ejemplo, la investigación detenida contra Gerardo Fernández Noroña, de Morena, quien compró una vivienda dentro de una reserva forestal con dinero cuyo origen no ha sido transparentado. Porque, a pesar del extraordinario sueldo que percibe como senador, al controvertido personaje no le alcanzaría para invertir los 12 millones de pesos que asegura le costó la “chocita”.
También está el caso del hermano del expresidente López Obrador, José Ramiro López Obrador, quien compró en el último sexenio casi 15 ranchos en su natal Tabasco, que albergan cerca de 700 cabezas de ganado. Tampoco se sabe de dónde obtuvo los recursos para su adquisición.
Como ellos, hay decenas de ejemplos que rayan en lo ridículo, de personajes que andan como “Pedro por su casa” por todo el país, pese a que las denuncias de sus adversarios reposan engavetadas en la Fiscalía General de la República.
En estos casos de enriquecimiento ilícito y de funcionarios denunciados por colusión con el crimen organizado, hay muchos ejemplos. El más reciente es la detención de al menos seis servidores del Colegio de Bachilleres de Chiapas (Cobach), acusados del delito de extorsión contra una mujer.
Aunque no se conocen los detalles de fondo, este caso de presunta corrupción también involucra al ahora exdirector del Cobach, Miguel Prado de los Santos, quien anda huyendo tras recibir una fulminante patada en el trasero. De él no se esperaba menos, pues su trayectoria así lo indica. Lo cuestionable es por qué fue designado en tan importante cargo cuando ya se sabía que es un impresentable.
A esta lista se suma ahora el alcalde de La Concordia, Emmanuel de Jesús Córdova García, quien ha sido exhibido por poseer una propiedad valuada en más de 40 millones de pesos en el Club Campestre de Tuxtla Gutiérrez, pese a que su salario mensual apenas supera los 62 mil pesos.
Si se hacen cuentas, los números no alcanzan para cubrir una mansión de semejantes proporciones. Desde luego, la sospecha de malos manejos dentro de la alcaldía es lo primero que pasa por la mente de los ciudadanos de aquel municipio, que además ha estado agobiado por la violencia.
Y sin ser adivinos, las sospechas de que existan posibles manejos de dinero mal habido o colusión con personajes “no muy presentables”, en toda la extensión de la palabra, podrían no estar tan erradas.
Hasta su señor padre, Miguel Córdova, ha sido señalado como una persona poco confiable, con fama de “trácala profesional”. Al menos así lo demuestran las denuncias ventiladas en su contra, fácilmente localizadas en las redes sociales.
Por ello, ante la nueva era que promueve la política de cero corrupción, venga de donde venga, las autoridades del Congreso del Estado, la Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno de Chiapas, así como la Auditoría Superior del Estado, están obligadas —de oficio— a transparentar el origen de los recursos con los que el “angelito” del alcalde adquirió su residencia.
El periodista Vinicio Portela reveló la compra de la majestuosa vivienda, que “cuenta con acabados de primera, sala con diseño minimalista, lámparas de lujo, sofá en L, detalles en mármol y madera; además de techos altos y ventanales que permiten abundante luz natural, con vista al jardín y fachada minimalista, valuada en más de dos millones de dólares”.
De acuerdo con los cálculos hechos con base en su salario, Emmanuel de Jesús Córdova necesitaría ahorrar 52 años de sueldo completo para adquirir dicha propiedad.
Si esto no es corrupción, ¿entonces qué es? A menos, claro, que el presidente municipal haya corrido con la suerte de haberse sacado la lotería o recibido una generosa herencia. Si es así, usted disculpe. Pero si no, no hay más que investigarlo, porque el pueblo merece respeto.










