Reglamentar el cupo de motocicletas y reducir los delitos
No todo lo que se presenta en política es malo, pues, independientemente de que al sistema político mexicano no le agrade quiénes gobiernan en Perú —país sudamericano con el que han existido diferencias de índole ideológico—, el programa que esa nación aplicará para reducir y controlar los índices de violencia puede ser un ejemplo y retomar como parámetro para sopesar resultados, no solo para Chiapas, sino para toda la República.
Está de moda en todo México que los asaltos, robos y crímenes de alto impacto se ejecuten por individuos que se trasladan en motocicletas, el medio de transporte más eficaz para cometer sus atrocidades, como segar la vida de personas por venganza personal, ajustes de cuentas políticas o, simplemente, para borrar del camino a quienes consideran incómodos para los “proyectos” de futuro, como suele ocurrir en la política.
En la capital, Tuxtla Gutiérrez, en Tapachula o en San Cristóbal, por citar algunos ejemplos, los malhechores utilizan los llamados “caballos de acero” para perpetrar ilícitos, ya que son prácticos para escabullirse de la policía cuando esta se percata o acude a cumplir una llamada de emergencia.
Regularmente, los delincuentes escapan. Las estadísticas indican que casi siempre burlan a la autoridad policiaca y, pasadas algunas horas, incluso se pasean muy campantes por la zona del delito para conocer el sentido de las investigaciones. Hasta reporteros se vuelven, buscando “novedades”.
En el pasado reciente, ante la ola de criminalidad registrada durante el periodo del exalcalde Carlos Morales Vázquez, la desesperación de la autoridad estatal, por la incapacidad de la comandancia municipal para poner orden en el sector, obligó a la Fiscalía General del Estado a proponer que los motociclistas usaran casco con el número de placa rotulado, así como un chaleco fosforescente con la misma identificación para hacer visible a quien conducía la unidad.
La medida, al final, no se aplicó y los robos, asaltos y crímenes se convirtieron en el pan de cada día en la capital y en otros municipios del estado. Hoy en día siguen presentándose asaltos bancarios y a transeúntes, pero el registro de su impacto general ha disminuido de manera considerable.
A nivel nacional, ni se diga de los asesinatos que se perpetran sin resultados tangibles. En muchos de los ilícitos, las cárceles están llenas de personas detenidas como “chivos expiatorios” para adelgazar las estadísticas y responder mediáticamente que se trabaja con eficacia.
Habría que decir, como descargo de este gobierno, que siempre ha sido así, aunque se diga lo contrario. Por ello, llama la atención y sería oportuno retomar la propuesta que hacen las autoridades de Perú, que consiste en prohibir que dos personas viajen en una misma motocicleta, con el fin de disminuir la efectividad delictiva y recuperar la tranquilidad ciudadana.
Lo normal es que dos personas se transporten en motocicleta; en razón al asunto referido, cuando cometen ilícitos, uno conduce y se prepara para huir, mientras su acompañante comete el atraco o incluso el asesinato. Luego emprenden la huida. De ahí que disminuir la posibilidad de coordinación entre vándalos o bandas bien organizadas sea una medida que podría reducir los saldos rojos.
En México esta práctica es diaria. Los videos que inundan las redes sociales sobre hechos delictivos dan la razón a la autoridad peruana y bien podría aplicarse en el territorio mexicano, del cual Chiapas podría retomar el ejemplo.
El trabajo de los legisladores puede ser efectivo y ayudaría mucho a la tranquilidad ciudadana si proponen este tipo de medidas. Algo que bien podrían hacer aquellos diputados “de a chipo” que tienen la curul, producto de sus componendas políticas.
Además, no se trataría de un plagio, sino de retomar y adecuar la propuesta con fines de seguridad. Si a ello se agrega que sea el propio Estado el que entregue las calcomanías con el número de placas para pegarlas en chalecos y cascos, los buenos resultados podrían verse en corto tiempo.










