Abrigarse en todos los sentidos

Los frentes fríos han hecho de las suyas en el país. La población ha tenido que recurrir a los abrigos, a sacar la colcha para apaciguar las noches heladas en los estados del norte, donde el invierno suele sentirse con mayor crudeza. Sin embargo, lo que antes parecía una rutina estacional hoy se ha convertido en un desafío mayor.

El pronóstico de temperaturas extremas —desde picos inusuales de calor hasta marcas cercanas o por debajo de los cero grados— ha dejado de ser una excepción para convertirse en regla, con una consecuencia inmediata: el aumento de enfermedades, especialmente entre niñas, niños y personas adultas mayores.

Desde ayer al mediodía, estados como Chihuahua y Coahuila, así como la Ciudad de México y el Estado de México, han resentido los efectos del clima. El frío se ha dejado sentir desde la primera semana de enero y, para este fin de semana, se pronostican temperaturas de hasta menos cinco grados en entidades como Baja California, Sonora, Coahuila, Nuevo León, San Luis Potosí, Zacatecas, Aguascalientes, Jalisco, Michoacán, Guanajuato, Querétaro, Hidalgo, Estado de México, Tlaxcala, Puebla, Veracruz y Oaxaca. Para domingo y lunes, los efectos alcanzarán a Chiapas, particularmente en algunas regiones.

En la zona Altos se viven fríos candentes que preocupan tanto a la población como a las autoridades de salud y de Protección Civil. Las enfermedades respiratorias comienzan a causar estragos y, en algunos municipios, las lluvias se vuelven un problema serio: ríos que amenazan con desbordarse, viviendas anegadas y caminos intransitables que ponen en riesgo la vida de la ciudadanía. El invierno ya no sólo enfría; ahora también descoloca, sorprende y vulnera.

El cambio climático es un factor indiscutible en esta realidad. México vive cambios repentinos en su estado del tiempo, con contrastes cada vez más marcados. La orografía de Chiapas, compleja y diversa, se presta para este tipo de eventos: montañas que concentran el frío, valles que retienen humedad, regiones donde una lluvia intensa puede desatar emergencias en cuestión de horas. Ante este escenario no hay espacio para la improvisación. Hay que llamar a la prevención, a estar atentos, a cuidar a la niñez y a proteger a las personas mayores. No hay de otra.

Pero “abrigarse” hoy debe entenderse en todos los sentidos. No basta con ponerse un suéter más o encender una fogata. Abrigarse es informarse, atender los avisos oficiales, no minimizar los riesgos. Abrigarse es revisar techos, asegurar láminas, limpiar desagües, preparar cobijas y ropa térmica para quienes más lo necesitan. Abrigarse es llevar a tiempo a los menores al centro de salud cuando aparece una tos persistente; es no automedicarse; es vacunar, hidratar y alimentar bien.

También es un llamado a la corresponsabilidad social. En cada colonia hay personas que viven solas, adultos mayores sin red de apoyo, familias que no cuentan con recursos para enfrentar una helada. Ahí es donde la comunidad puede convertirse en el mejor abrigo: compartir una cobija, avisar de un refugio temporal, acompañar, tocar puertas. Las autoridades han desplegado acciones preventivas —albergues, operativos de salud, monitoreo de ríos, difusión de alertas—, pero su eficacia depende, en gran medida, de que la ciudadanía participe y confíe. El frío no distingue edades ni condiciones. Nos iguala en la fragilidad. Por eso, este invierno exige algo más que ropa gruesa: exige sensibilidad, previsión y solidaridad. Abrigarse en todos los sentidos es reconocer que el clima ya no es el de antes y que sólo desde la prevención y el cuidado mutuo podremos atravesar esta temporada con menos pérdidas y más humanidad

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