Aun con la reaparición de AMLO, todo queda a expensas de lo que diga y ordene Trump

La oleada de acusaciones, supuestamente sin pruebas a la vista, por parte de Estados Unidos, en complicidad con algunos medios de comunicación de aquel país para generar desestabilización en el gobierno mexicano, ha sido tan eficaz que el ya no tan “líder moral” de los morenistas, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), tuvo que salir nuevamente a la palestra política para desacreditar la forma de actuar de Donald Trump.

La reaparición del expresidente, quien había jurado haberse alejado de por vida de los reflectores para dedicarse a descansar y escribir sus memorias, envía el mensaje, sin duda, de que los acontecimientos relacionados con la política y la delincuencia organizada son tan graves que fue necesario intervenir para distraer la atención de una narrativa que está desmoronando al partido en el poder.

El caso de Rubén Rocha Moya y de sus diez excolaboradores acusados de tener nexos con el crimen organizado, así como la reciente publicación de que los mandatarios morenistas en funciones de Tamaulipas y Sonora son investigados por el Departamento de Justicia de Estados Unidos, representan, sencillamente, un brutal golpe al interior de dicho partido y de toda la estructura gubernamental federal.

La situación está tan candente que el expresidente AMLO salió con la afirmación de que Trump no es el mismo de ahora que el que le tocó conocer y tratar cuando gobernaron de manera simultánea. La lógica es muy simple: al presidente norteamericano ya le entregaron los expedientes de políticos y legisladores mexicanos presuntamente relacionados con grupos delincuenciales que facilitaron su ascenso al poder y, por tanto, es momento de ir dosificando las piezas del ajedrez para recuperar la confianza de su pueblo y de los 40 millones de compatriotas que viven en aquella nación, quienes le han dado la espalda debido a su política antimigratoria.

El argumento del expresidente es que Donald Trump está mal asesorado por un grupo de ineptos y ventajosos consejeros que le hablan al oído. La narrativa que planteó AMLO en su carta de cinco páginas no hace más que citar aspectos positivos del periodo en que gobernó y coincidió con el magnate norteamericano.

Fuera de ello, su reaparición podría estar causando más daño a la presidenta Claudia Sheinbaum que el haber permanecido callado. Esto se percibe porque da a entender que la actual administración carece de liderazgo y de capacidad para conducir los destinos del país, incluso en los asuntos más delicados de la política.

Además, esta vez no menciona que metería las manos al fuego por Rocha Moya ni por los gobernadores Américo Villarreal, de Tamaulipas, y Alfonso Durazo Montaño, de Sonora. Su misiva sobre la forma en que actualmente se gobierna en Estados Unidos transmite la idea de que Trump es un “títere”, sin capacidad de decisión propia, y que son sus asesores o consejeros quienes realmente gobiernan.

En lugar de fomentar una mejor relación entre el presidente estadounidense y la presidenta Sheinbaum, pareciera que, sin proponérselo, AMLO le echa más leña al fuego, porque no tardará en llegar una respuesta, y no necesariamente será para darle la razón a su “amigo” Andrés Manuel.

Las respuestas de los políticos mexicanos adversarios de la Cuarta Transformación fueron fuertes y directas contra el exmandatario. Llama la atención la del dirigente nacional del PRI, Alejandro Moreno Cárdenas, quien lo calificó como “un pobre títere, limitado y resentido”.

Sin embargo, cabe destacar que desde tiempo atrás el priista ya había señalado los presuntos nexos de los gobernadores señalados con el crimen organizado, los cuales —afirmó— se extendieron durante el sexenio de AMLO.

La realidad que prevalece en la narrativa política de México es que a Morena no lo salva nadie, ni siquiera el propio López Obrador, ante los expedientes que Estados Unidos tiene sobre el escritorio del presidente Trump y cuyos contenidos, según esta visión, se están revelando de manera gradual. Esto ha generado una enorme presión sobre la presidenta Sheinbaum, a quien le ha tocado “bailar con la más fea”.

Con la aparición de López Obrador no hay que echar las campanas al vuelo, porque los hilos que mueve Trump —a quien AMLO interpreta como una marioneta de sus consejeros o asesores— podrían soltarse en cualquier momento y conducir a México hacia un desenlace nada agradable.

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