Noroña se disfraza de candidato para seguir viviendo del presupuesto

Ahora que el diputado federal por el Partido del Trabajo, Gerardo Fernández Noroña, hizo pública su aspiración a competir por la presidencia de México, el tema ha sido motivo de comentarios en los corrillos políticos y en los llamados “radio pasillo”, donde predomina el cuestionamiento a la seriedad con la que el legislador actúa para atreverse a semejante “anhelo”.

El reciente desencuentro virtual entre el legislador y el actor Sergio Mayer por el tema de la reforma electoral, trae a cuento qué tanto el pueblo de México le daría su voto a Fernández Noroña.

Las primeras impresiones son que, si hoy en día desde Palacio Federal se culpa a los gobiernos pasados de la descomposición social y económica del país, no se imaginan que un hombre con síntomas de bravucón, altanero, grosero, prepotente y de la definición que usted quiera endosarle, se tenga como mandamás. Un gran dilema que sólo los mexicanos decidirán si procede o no, una vez que el controvertido diputado haga efectiva su postulación a la grande. 

La presidencia de la República, en teoría, es la máxima aspiración de un mexicano que quiere contribuir a erradicar de todos los males que nos tiene hundidos en la miseria en los últimos 100 años, ahora llamada, por cierto, franciscana. El ser humano común y corriente, el que va al día en sus quehaceres de supervivencia no sabe distinguir los tipos de carencias, sólo la vive.

Bajo esta perspectiva, no se cree que, al legislador petista, que inició su carrera política en 1988, en el remoto caso de que fuera presidente de México, le alcance el tiempo para cicatrizar las epopeyas que ha protagonizado con políticos, académicos, actores, ciudadanos, con la policía y hasta contra personas de la tercera edad.

Noroña, a quien no se le cuestiona que sea un hombre inculto, un día sí y otro también, se pelea hasta con su misma gente con la que le dio trabajo o con su expareja, quien lo exhibe como un hombre violento. Para nadie es un secreto, coinciden los usuarios de redes, que si su “superioridad” la muestra en cualquier tribuna, en su casa, bajo la protección de las cuatro paredes, debe ser un hombre digno de temer.

Los argumentos para que no le crean en serio su aspiración es porque sería un peligro para la estabilidad social de millones de mexicanos. Noroña, quien en todos sus pleitos utiliza una frase que se ha vuelto tendencia: “No me toques, no me toquen”, cuenta con un gran historial, aunque vale decirlo, en ninguna se ha liado a golpes con su adversario, sólo han sido manotazos, ya que cuando los ánimos están a tope, da la espalda y emprende la retirada.

En decenas de video que inundan las redes sociales, se ejemplifica lo que se dice. Su verborrea en la mayoría de las ocasiones se impone, además de que, al protagonizar las peleas, los oponentes se han limitado por el fuero que carga por ser diputado y las sanciones legales y penales se multiplican para el ciudadano común y corriente.

Sus excentricidades iniciaron cuando en 2008 renunció al PRD porque Alejando Encinas no fue electo como dirigente del partido, y así mostró su inconformidad. Con los integrantes del extinto estado Mayor Presidencial de Felipe Calderón Hinojosa, escenificó episodios de protesta. En el gobierno de Peña fue sacado de “palomita” por intentar ingresar a un informe de gobierno sin haber sido invitado.

En Estados Unidos tuvo la osadía de protestar. Dijo que México pagaría la construcción del muro, pero bajo la condición de que se integrara al mapa de México el territorio que vendió Santa Ana en 1830. Fue sacado del recinto por personal de seguridad.

Periodistas como Joaquín López Dóriga le criticó su falsa postura de austero como integrante de la Cuarta Transformación, luego de ser captado en una sala Premium de un aeropuerto. Lily Téllez, la senadora, lo llamó “el diputado changoleón” y lo vinculó de estar asociado al crimen organizado.

En los aeropuertos, los pasajeros le han cuestionado su forma de comportarse y de no haber hecho nada por el país. O también se recuerda cuando impidió el paso al expresidente Ernesto Zedillo, acostándose en el suelo tratando impedirle su caminar o cuando se enfrentó a un par de personas de la tercera edad en la Ciudad de México, o subiendo fotos a las redes sociales hasta para avisar que ya se bañó.

Sin duda que la intención de Fernández Noroña es ser candidato, pero sabe que no tiene ninguna posibilidad de triunfo, a lo que aspira, como ha sido toda la vida política del sociólogo de profesión, es colgarse de la simpatía del candidato de Morena que compita y gane para seguir viviendo del presupuesto”.

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