Se equivocó el Presidente

Dice un refrán popular “piensa mal y acertarás”. Ahora que el senador Jaime Bonilla se le fue a la yugular a quien lo reemplazó en la gubernatura de Baja California, la también morenista Marina del Pilar Ávila, acusándola de que el narcotráfico está inmiscuido en esta administración, abren el abanico de dudas que le dan la razón a la oposición que con antelación ha insistido en denunciar que hay un pacto concertado entre el crimen organizado y el partido Morena, que ha operado en las elecciones en por lo menos ocho entidades.

Baja California, Baja California Sur, Sinaloa, Sonora, Colima, Guerrero, Zacatecas y Michoacán, estados donde ganó Morena en 2021 y las recientes de junio en Tamaulipas, Durango, Aguascalientes, Hidalgo, Oaxaca y Quintana Roo, donde obtuvo otros cuatro triunfos de seis disputados, los señalan de haber estado en amasiato con grupos de la delincuencia organizada.

La descomposición social se ha agravado tanto en los últimos años, que la guerra contra las fuerzas armadas y en mayor escalada entre los propios integrantes de los cárteles, mantiene una lucha de poder en la que en los últimos meses la ciudadanía ha pagado las consecuencias que la autoridad federal se empeña en minimizar, sin importarle el dolor de las familias que cometieron el error de estar presentes en el lugar equivocado.

Pero lo peor que le puede pasar al partido Morena en estos momentos es que hay una fractura evidente entre sus militantes y más cuando éstos son amigos cercanos al fundador del “guinda”, Andrés Manuel López Obrador.

Jaime Bonilla, el personaje cuestionado por querer alargar su mandato de dos a cinco años, arremetió desde la tribuna del Senado de la República contra Del Pilar Ávila, de quien dijo, la ola de violencia en el estado fronterizo no es casualidad.  “Son producto del incumplimiento de los acuerdos generados en administraciones anteriores con la delincuencia organizada, y que la gobernadora sostiene”, sostuvo.

Una acusación tan delicada que el propio presidente de México tuvo que ir a Baja California este viernes para “respaldar” la gubernatura del Pilar. La abrazó y posaron ambos para la foto durante la conferencia de prensa mañanera que se dio desde aquella entidad. Además, dijo, no sólo refrendo mi apoyo, sino también me solidarizo con el respaldo que le hacen todos los mandatarios de Morena. “No está sola, cuenta con nuestro apoyo, es más, con nuestra simpatía”, remató.

En 2021, 15 días antes de que Bonilla concluyera su gobierno, AMLO le reconoció que le haya ayudado a gobernar la entidad de Baja California y destacó que fue un excelente mandatario. Tras el asesinato de la periodista Lourdes Maldonado, en enero de este año, cuyas acusaciones caían sobre Bonilla, el mismo presidente de México dijo un mes después que el entonces ex gobernador no tenía nada que ver en el homicidio.

Ahora se entiende que las posturas presidenciales son una constante para apagar el fuego. Esta reacción inmediata de López Obrador es una copia fiel a las reacciones inmediatas que hacían ex presidentes de México cuando a alguno de sus funcionarios de primer nivel o mandatarios, le cuestionaban irregularidades.

Hace casi dos semanas, Baja California y otras ciudades del norte del país, sufrieron una embestida del narcotráfico por supuestas detenciones de integrantes de los cárteles que operan la zona. Relatos de terror se plasmaron en los medios electrónicos e impresos y cómo las familias lloraban a sus muertos, no ha hecho mella en la conciencia de la autoridad que, tras minimizar la violencia, se concentra en seguir mostrándose como un gobierno alejado de las “malas compañías”.

A diferencia de lo que sufre el pueblo mexicano, se entiende que las diferencias entre Bonilla y Del Pilar han pegado más fuerte que las propias acusaciones de los adversarios. Como en la familia, para una madre no hay más dolor que vea que entre hermanos se estén matando, así le está sucediendo a Morena, que se pelean hasta con la cubeta porque no quieren perder los cotos de poder.

Al presidente AMLO le hace más daño a su imagen e intenciones, mostrarse parcial en un problema que hubiera sido mejor estarle levantando la mano a ambos en señal de que “acá no ha pasado nada”. Le faltó colmillo para mandar el mensaje de “abrazos no balazos” entre los propios militantes y amigos del Presidente y, por supuesto, a sus gobernados.

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