Problemas comunitarios, resolverlos en el corto plazo está en “chino”
Chenalhó, desde la cruel y despiadada masacre de Acteal, los problemas agrarios y religiosos han provocado que cientos de familias vivan un duelo permanente y donde la sed de venganza está a la orden del día.
Para nadie es un secreto que los conflictos internos entre comunidades continúan y todos los días, a cualquier hora, se vive con el “Jesús en la boca”. Indígenas muertos o heridos es el saldo de una actitud que no entiende razones. Sin que se tilde de discriminatorio, en esta zona de Chiapas, la escasa o casi nula preparación educativa de la población hace que el recuerdo de las afrentas prevalezca y así continuará por muchas décadas más.
No hay poder humano que convenza a los grupos en pugna que el uso de la violencia no es el camino para resolver las diferencias, que, en muchos de los casos, fueron heredadas por la rivalidad de abuelos o padres.
Los conflictos en Chenalhó y Pantelhó, por ejemplo, tiene como mínimo cinco décadas. Todos los años, esta rivalidad genera muerte y destrucción. Las pocas cosas que se tienen quedan convertidas en cenizas porque un grupo atacó a otro y así sucesivamente.
Ayer mismo, en videos que circularon en las redes sociales se da cuenta de la crueldad con la que se actúa. Casas en llamas, en las llanuras, forman parte del verde paisaje que se divisa sobre las viviendas destruidas. El sonido de los disparos interrumpe el silencio en el que participan las personas que hacen la filmación con sus celulares.
La Secretaría de Gobierno o la Fiscalía General del Estados, tardarán aún en poder dar una versión oficial, debido a la dificultad y peligroso que se convierten el entorno, aunque se hable de varios muertos y heridos como saldo rojo.
Los pobladores denuncian que son semanas completas en las que se escuchan detonaciones de armas de fuego. El juego del amedrentamiento prevalece y continuará por muchos años, pues este tipo de problemas, donde la piel humana lleva impregnada la violencia como forma de vida para “sanar heridas”, no tiene para cuándo acabar.
Justo hay que decirlo, esta vez no se puede descalificar la actitud de los operadores políticos de la Secretaría General de Gobierno. Se sabe de antemano que el diálogo como mecanismo de solución a las diferencias no funciona por más que se intente. Suena cruel decirle, pero seguirá dándose cuenta de la violencia.
Desde hace cinco décadas, por lo menos, la segunda oficina en importancia dentro del organigrama institucional estatal ha sido testigo de las cientos de reuniones entre pobladores, entre autoridades ejidales y la autoridad como mediadora.
La temática siempre ha rodeado las diferencias entre católicos y evangélicos, y peor hoy en día, entre la docena de religiones que han penetrado en las comunidades para “adoctrinar” a la población. El otro problema ha sido la disputa de tierras.
Sin duda que el desenlace fatal de los desencuentros entre la gente de la misma comunidad y muchas veces hasta de la misma sangre es hoy por la intromisión de grupos armados que operan bajo las órdenes de personajes aviesos, cuyo modus vivendi es el de la desestabilización.
Hay quien dice que hace mucha imaginación para resolver estos problemas, lo cierto es que el abandono ancestral en que las autoridades han tenido a las comunidades ha sido el punto medular de quiebra.
La comunicación terrestre falla, la comercialización de productos de primera necesidad no es factible por la misma situación; el desarrollo no llega y la educación continúa siendo el talón de Aquiles.
Si antes se decía que mantenerlos analfabetos era la condición para la manipulación de este sector, hoy se equivoca quien diga que sigue siendo lo mismo. Aunque con muchas limitaciones, la integridad de los pueblos originarios sigue siendo su principal virtud. Y sí, hace falta una “revolución” educativa para llevarles obras, caminos, escuelas y, ante todo, respeto a sus usos y costumbres.
Quisiéramos que lo antes posible el odio y la venganza cese en los corazones de este sector olvidado, pero también la realidad debe prevalecer sobre todas las cosas, y eso está, por ahora, en el corto plazo, en chino.










