Fox y Noroña ni a show mediático

De la marcha realizada el domingo en la Ciudad de México y otras ciudades del país para defender la permanencia del Instituto Nacional Electoral (INE), institución que supuestamente quieren desaparecer para estar a modo de la autoridad federal y perpetuarse en el poder, surgió una declaración deschavetada -por decir lo menos-, como las que suele decir el ahora expresidente de México, Vicente Fox Quesada.

El que fuera “empresario” de la embotelladora más consumida del mundo, dijo que si el presidente Andrés Manuel López Obrador decide reelegirse en el puesto él estaría dispuesto a postularse como candidato para la contienda del 2024.

En realidad, una proclamación a todas luces propia de un personaje que anda desubicado, pues la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos establece el principio de la no reelección de tipo total para el cargo de presidente de la República; su artículo 83 dispone que aquel ciudadano que haya ocupado la Presidencia con cualquier carácter, electo popularmente o interino, provisional o sustituto, por ningún motivo podrá continuar en el cargo una vez que se cumpla el tiempo por el que fue elegido.

Si así fue el caso, como ya se ha manejado en otras ocasiones, se tendría que modificar la Constitución y, además, sería una verdadera “guerra” entre los legisladores del poder y la oposición para aprobar dicha enmienda. Aunque está claro que el propio Andrés Manuel ya declaró en varias ocasiones que él, una vez que concluya su gestión, se irá a “La Chingada”, su rancho, a descansar de la política.

Los mexicanos tienen claro que esto último si ha sido aventurado del Ejecutivo decirlo, ya que la política ha sido su pasión de vida y está muy difícil que se retire de buenas a primeras.

El punto inicial fue la declaración de Fox y por ello creemos que al movimiento ciudadano le hace daño la presencia de este tipo de personajes que sólo abren la boca por abrirla. O acaso no se recuerda aquella frase famosa que lanzó al ambiente político, justo cuando andaba en campaña y que ilusionó a millones que añoraban un cambio en el sistema político mexicanos: “el conflicto zapatista lo resuelvo en 15 minutos”.

Pasaron los seis años de su gestión y no se resolvió, pero, además, la situación empeoró. Entendemos que Fox sueña con Andrés Manuel, pues aventurarse a señalar que, si AMLO busca la reelección en 2024, él también se registrará a la contienda.

“A López le advierto de una vez, si él pretende aparecer otra vez en 2024, yo me le aparezco, yo le entro también a los chingadazos”. Lo que no se da cuenta el expresidente panista que, en su terquedad de competir, le sirve como rounds de sombra a Andrés Manuel.

Rechazó que pretenda anotarse a la contienda Presidencial, y solo lo haría para confrontar al presidente López Obrador, en caso de que quiera reelegirse.  “Si él pretende volver, por supuesto que sí, si él va, yo voy”.

Lo mismo sucede con el eterno diputado plurinominal Gerardo Fernández Noroña, quien ahora se colgó del sobreviviente Partido del Trabajo, quien lo destapó como su candidato a la presidencia de la República. Una aspiración legítima para cualquier mexicano, pero los peros en este personaje, dejan abierta la posibilidad de que sería la puerta a la violencia expresa, por los antecedentes del petista.

Dice el PT que es una persona honesta, trabajadora, desinteresada y tribuno ejemplar, sus atributos en teoría para continuar con la transformación iniciada por el presidente, Andrés Manuel. Puede ser, sobre todo, lo último, donde la oratoria es su principal virtud.

Ahora que, en el hipotético caso de que ganara, tendría que gobernar desde Palacio Nacional, sin contacto con la gente, porque de lo contrario, en cada encuentro con los mexicanos habría un escenario de verborrea descalificadora como las que nos tiene acostumbrados. Por ejemplo, la frase de “a ver tócame, tócame, tócame” cuando se enfrenta con los ciudadanos en el aeropuerto o en un restaurante, sería la parte inmortal y al mismo tiempo peligrosa para la gobernabilidad en su administración.

En realidad, no hay que soñar en estos tiempos de crueldad. Ni Fox ni Noroña ganarían algo. En Fox sus mentiras lo ubicaron como un pésimo gobernante y en Gerardo no habría futuro conciliador. Éste es un hombre violento que no acepta que le digan sus cosas en la cara. No aceptar errores o sugerencias de la oposición, por estar casado con la política del poder en turno, lo hace uno más de las corcholatas “oficiales”.

Previo a la marcha en defensa del INE, la clasificó de clasista y racista. Un buen político da cabida a todas las manifestaciones, así sean en contra. Cuando se choca contra la diversidad y se descalifica a priori a las diferentes formas de opinar, entonces no hay altura de miras. En fin, veremos más show, o ¿usted votaría por alguno de los dos?

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