No más bagatelas en la Universidad de la Selva

La percepción generalizada de la base trabajadora cuando busca afiliarse a un sindicato es para defender sus derechos laborales por parte del patrón. Nunca, por lo menos en teoría, para afectar el desarrollo de la empresa o institución en la que se labora y parece que, en la Universidad Tecnológica de la Selva, con sede en Ocosingo, desde su nacimiento, en lugar de crecer, va para atrás, como el cangrejo.

Las disputas de los sindicatos Académicos y Administrativos, así como el Único Democrático han dado en el traste al desarrollo educativo de cientos de jóvenes. En el periodo reciente ha habido de 2018 a la fecha tres huelgas y el paso efímero de cuatro rectores que no han estado ni un año al frente de esta institución, que por lo que se ve, se está muriendo.

A menos que la Secretaría de Educación haga algo extraordinario para sacar del hoyo a la Universidad Tecnológica, sino cada día la calidad en la enseñanza académica será raquítica, con egresados pobres en su formación y con un par de sindicatos que lo único que les interesa es ver de dónde más y cómo sacan ventajas para llenar sus bolsillos.

Hace un par de días, la Universidad cumplió 25 años de su creación. Todos, para la foto, mostraron una institución fuerte y unidad, pero lo que este medio expuso fue más que elocuente: una institución en decadencia, con una infraestructura en ruinas, sólo cumpliéndose los caprichos de los sindicatos y soslayando los intereses del estudiantado.

Para demostrar que se está mejor que nunca, celebraron el onomástico con una presentación de músicos de talla internacional, bailables, demostración de alimentos y artesanía, callejoneada y otras cosas más.

Por fuera todo bien, dentro de la institución, edificios en ruinas, olvidadas, en obra negra, porque los pleitos e intereses de los sindicatos pudo más que exigir a la autoridad educativa que se terminara un proyecto que había iniciado en 2017, pero que se paró en 2018 por las mismas razones.

La denuncia del alumnado es que los rectores y administrativos que han pasado les cumplen los caprichos a las dirigencias, pero cuando el dinero se acaba, vienen los problemas. Son cuatro años de que varios edificios que albergaría a los estudiantes están como nido de animales

La obra la emprendió en el 2017 el entonces rector Juan Carlos Gordillo Culebro; fue una inversión donde intervinieron recursos de las administraciones federal y estatal. Sin embargo, cuando ya las construcciones iban avanzadas, algo no les gustó a los grupos sindicales que emprendieron una huelga que terminó con la salida del rector.

En su lugar se designó a Lisandro Montesinos Salazar, quien también corre la misma suerte, pues antes de cumplir un año en el puesto, otra caída de brazos por parte de los académicos, lo obligan a renunciar. Nancy Leticia Hernández entra al quite, pero también es relevada en el 2021 y en su lugar ingresa Eduardo Garrido Raymundo Ramírez, quien a mediados de este año sufrió el embate de una nueva huelga, pero salió airoso, a pesar de que lo acusaban de violar el contrato colectivo de trabajo.

Aunque lo nieguen, a los maestros y personal administrativo de esta Universidad poco o casi nada le ha valido el valor educativo del alumnado. Las pruebas están a la vista. Declaraciones entre uno y otro sindicato de que hay favoritismo de parte de la autoridad educativa no hace más que afectar el proceso enseñanza-aprendizaje.

Se disputan cargos administrativos. Ambos se atribuyen las causas de luchar por la construcción de mejores aulas, de privilegiar el diálogo. Lo cierto es que la educación de esta institución está estancada. La Escuela ha servido como trampolín político y en ello tiene mucha culpa la Secretaría de Educación, a quien le ha faltado carácter para poner cada cosa en su lugar.

Los estudiantes se preguntan qué ha pasado con los millones de pesos que cada año le asignan a la Universidad, dónde están, qué se ha hecho con ese recurso. Ahora que citamos la pasarela de rectores, usted dirá si hay corrupción o intereses ocultos en la forma de operar de los sindicatos y dejadez de la autoridad máxima para permitir que la educación que se les imparte a los jóvenes sea mediana y en este proceder, su futuro está más que en peligro para competir en la dinámica laboral existente en el mercado. 

Aún se está a tiempo de sacar al buey de la barranca, como dice el argot popular. Ojalá que sindicatos, rectoría y la Secretaría, hagan sinergia para no seguir mandando mensajes de desunión en esta importante Universidad. La juventud merece una educación de calidad no nimiedades.

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