Senadores, ¿pragmáticos feroces?
La maratónica sesión del pleno en el Senado de la República definió, sin duda, el camino político que continuará Ricardo Monreal Ávila, rumbo a sus aspiraciones del año 2024 en busca de ser candidato a la presidencia de la República.
Fue una sesión larguísima en cuanto a su debate, pero muy corta en comparación a los cientos de hojas que contiene la iniciativa y que ningún excelso legislador pudo haber leído en las pocas horas previas que lo tuvieron en sus manos para debatir, cuestionar y fijar posición.
El Plan se aprobó en lo general y en lo particular, y en este último punto, hubo mil 244 reservas a los artículos que presentaron modificaciones, por lo que su discusión se extendió muchas horas. En realidad, sólo se cumplió el proceso porque las que la oposición dio a conocer no prosperó ninguna y todas fueron desechadas, se tiraron a la basura.
Con lo sucedido en la sesión del pleno que duró más de 18 horas, desde el pódium más alto de la República, Morena prácticamente se deshace del “rebelde”, pero centrado político de izquierda, Ricardo Monreal, quien al votar en contra sabía perfectamente a qué se atenía. Sin embargo, es de destacar su aplomo para contravenir los designios presidenciables y saber lo que le espera.
Al cuestionar el contenido del Plan B, Monreal podría dejar de ser el coordinador de la bancada de morena en la Cámara de Senadores e incluso estaría adelantando su separación de este partido del que formó parte esencial en su fundación.
La historia nos ha enseñado que la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos se hizo para violarla. Quien diga lo contrario está mintiendo y como ejemplo están las aberraciones que hicieron en su tiempo algunos ex presidentes de la República. En ese entonces, como ahora, los ciudadanos sólo han actuado como espectadores.
Que el senador haya sido ecuánime y diga que no puede compartir que la Carta Magna se ignore o sea burlada lo coloca como una persona íntegra. Dijo ser un idealista y al asumir esta postura, a sus compañeros que hace un par de semanas lo acuerparon en el caso de Layda Sansores, y que votaron a favor de la iniciativa, los califica como unos pragmáticos feroces.
Cierto, no lo dijo así, pero al asumir que él no es un pragmático feroz en su actuar, quienes le habían fundado “cariño”, dándole una palmada de solidaridad en su pleito contra la gobernadora de Campeche, ayer prácticamente lo dejaron solo asumiendo este término tras votar a favor del Plan B.
Lo insólito del debate es que como nunca se había presentado en los últimos tiempos, la participación del senador en el pleno fue escuchada sin interrupciones y en la conciencia de los parlamentarios se registraban palabras que serán las que decidan, en tribunales, donde terminará la novela que busca derrocar al INE: “la ley es el alma de la sociedad; sin ella, el caos y la anarquía imperarían”.
Cuando Monreal dice que lo único que quiere es que se respete la Constitución y en esa posición, no es ingenuo y sabe a lo que se enfrenta. Su actuar sólo es un argumento para desviar la atención, pues la pauta está marcada. Su camino rumbo a la presidencia en 2024 tiene que estar en el bloque opositor, no hay de otra. Todos los mensajes recibidos así lo indican.
Incluso, aunque el presidente Andrés Manuel haya guardado las formas -es entendible que no lo señale de forma expresa- dijo que la postura del senador no es para que abandone el partido Morena, y en ese compuesto de palabras, también se blinda para que la ciudadanía no crea que el presidente esté atrás de esta embestida.
Cierto es que al presidente no le corresponde asumir la responsabilidad de que Monreal abandone el “guinda”, pues ya se encargarán algunos correligionarios de Mario Delgado los que lo hagan.
También es cierto que será el pueblo el que ponga a cada quien en el lugar que le corresponde en la historia de las decisiones democráticas. Y en este sentido, han sido millones de litros de tinta que se han derramado para decir si el gobierno o la oposición están en lo correcto.
Sólo el tiempo nos dirá si el llamado Plan B, es lo mejor que le pudo pasar a México para tener un órgano electoral fuerte, económico y transparente o sólo fue confeccionado como un traje a la medida para que Morena se perpetúe en el poder.










