Claro que no estamos en campaña

A quién querrá engañar la dirigencia del partido Morena con sus posturas primitivas en la competencia rumbo a los puestos de elección popular, cuando, por un lado, les permite a sus candidatos a la presidencia de la República, que utilicen todos los recursos que estén a su alcance para promocionarse, incluidos los del Estado, y por otro, levanta la voz de espantado porque la oposición hace lo mismo en el Estado de México.

Claro que se entiende la postura de Mario Delgado cuando se hace de la “vista gorda” por todas las denuncias interpuestas ante el Instituto Nacional Electoral que ciudadanos y los partidos de oposición (PAN, PRI y PRD) han interpuesto contra las “corcholatas”. Minimiza las querellas y lo que es peor: reconoce que ellos y ellas sí pueden promocionarse porque “tienen un cargo público y en ese contexto, tienen su plataforma y recursos propios”.

No exageramos ni tomamos partido, pero lo que se vez no se juzga, se analiza. En ese tenor, el dirigente nacional de Morena asegura haber contado hasta “300 espectaculares que promueven a la precandidata del PRI a la gubernatura del Estado de México, Alejandra del Moral”. Así, textual lo dijo.

Quizás 300 signifiquen igual a los cientos que hay en Chiapas de Claudia Sheinbaum, por ejemplo, pero que habría de multiplicarlos por las 31 entidades restantes del país. Las comparaciones, dicen, son grotescas, y vaya que en este caso lo es.

Lo que al parecer no se quiere reconocer, entonces, es que la candidata priísta también tiene harta paga para mandar a rotular su nombre en los espectaculares que inundan el estado mexiquense.

En cuanto a siglas, acaso no es lo mismo un partido que otro. Claro que sí, la diferencia es el fondo y la forma con que se ven las cosas.

Que se diga que Morena, en el caso de las “corcholatas” no pueden poner reglas porque no se está oficialmente en precampaña, la pregunta obligada es entonces, ¿en qué etapa se encuentran? La ley es pareja y como tal debe respetarse, pero resulta que desde el 5 de julio de 2021, fecha en que fueron destapados los primeros funcionarios federales para la presidencia de la República, los palomeados recorren todo el país bajo eventos disfrazados.

Más de 18 meses en campaña y nadie, absolutamente nadie, ha podido ponerles un estate quieto. De hecho, ante el conflicto directo que el INE trae con el mandatario federal, las sanciones del órgano electoral han quedado en el tintero, sin aplicación.

Mario Delgado destaca que “la principal regla es conducirnos con mucho compromiso con el movimiento de transformación, con respeto hacia nuestras compañeras y compañeros y con actos que éticamente sean impecables”, pero resulta que más de uno de los aspirantes ha pedido piso parejo, ahí está el caso de Marcelo Ebrard o de Ricardo Monreal.

Si bien la competencia es entre los morenistas, la difusión que se hace de cada una de las corcholatas impacta y lleva ventaja sobre los que aún no se deciden a participar. Con todo este antecedente, ahora menos que haya una regulación para plantear propuestas electorales.

Ahora bien, a la postura de Morena de que los recursos que utilizan sus candidatos son propios, de su bolsillo, ¿habrá alguien que crea esta semejante aseveración? Las partidas gubernamentales siempre tendrán una opción para sacar raja y esto no es de ahora, siempre lo han hecho los funcionarios de los tres niveles de gobierno. Quien diga o afirme lo contrario, se engaña a sí mismo o, mejor dicho, quiere verle la cara al ciudadano que ya se las sabe cómo se las gastan.

Hoy justamente se terminó el “dedazo” para dar línea o apoyar a alguien en especial y se dio a paso a meter no solo las manos, sino todo el cuerpo. Así de sencillo es esto de la política disfrazada de buenas intenciones.

El poder manda, el poder ensombrece, el poder arruina las buenas intenciones. No hay reformas cien por ciento honestas ni puras en su contenido. Por eso se dicen confiados de que la reforma electoral hoy evitará castigos a los adelantados. Y efectivamente, ya nada es como antes. Los mismos mexicanos se han encargado de validar los atropellos al no protestar.

Si Morena ha dado el grito en el cielo porque Alejandra del Moral ha abusado de los espectaculares que promueven su candidatura, significa que la exsecretaria de Educación Pública, Delfina Gómez, teme desde ahora, que su triunfo esté en peligro. Además, no se está aún en campaña, como dice Mario Delgado, entonces la priísta, habría que decirlo, ya se subió al caballo y puede que le dé una sorpresa a Morena.

Con todo esto, ahora se comprueba que a los morenistas no les gusta que les jueguen a la mala. Las campañas tramposas jugarán, sin duda, una guerra sin cuartel en esta próxima contienda en el Estado de México y en Coahuila, donde Morena querrá seguir arrebatando bastiones priístas.

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