Maíz amarillo, otro conflicto difícil de entender
El problema de los costos políticos por no actuar con transparencia o a destiempo e informar la realidad al pueblo mexicano suele ocurrir que se tenga que pagar millonarias sumas de dinero en sanciones o pleitos legales que se pierden en los tribunales por la falta de “sentido común”.
Eso le pasó el año pasado a la CFE que tuvo que desembolsar una cuantiosa suma tras perder un litigio por la presa hidroeléctrica “Chicoasén II” y, dentro de un año y medio como máximo, lo mismo puede suceder por las desavenencias que se acumulen en las relaciones comerciales entre México y Estados Unidos de Norteamérica por la importación de miles de toneladas de maíz transgénico o amarillo.
Un tema, por donde quiera que se le vea, difícil, complejo, con muchas aristas y con puntos encontrados, pero que al final, si no se logra el objetivo trazado habrá frustración y enojo, no porque no se pueda competir con la nación gringa sino porque pareciera que se está en la lona desde un principio.
El lunes pasado, se publicó en el Diario Oficial de la Federación diversas acciones en materia de glifosato y maíz transgénico. Con ello se abrogó el Decreto de diciembre de 2020 sobre la misma materia, que definía el 31 de enero del 2024 como límite para la importación de estos granos
Resulta que el gobierno mexicano no quiere seguir comprando maíz transgénico porque dice que rompe con la política de seguridad alimentaria establecida. Se comprometió a demostrar con evidencia científica que este producto “industrializado” daña al ser humano, pero al mismo tiempo, argumenta que no lo requiere porque en el territorio mexicano se es autosuficiente en la producción.
En realidad, lo trascendente del decreto es que se quiere ganar tiempo para demostrar que efectivamente el maíz genéticamente modificado para el forraje y la industria es dañino y lo demostrará científicamente, tarea que tiene a cargo la Cofepris.
Cierto o no, sólo hay que tomar en cuenta que la bonanza de la producción de maíz ya no es como antes, terminó. Las parcelas han sido abandonadas por la falta de apoyos y porque los hijos de los agricultores prefirieron irse a otras sedes urbanas o de mojados para trabajar en Estados Unidos. Hoy ya no se escucha decir que la zona de la Frailesca, por citar como referencia a Chiapas, es rica en la cosecha del maíz o es el granero de México, como se le solía decir; no, nada de eso.
Por ello los especialistas en la materia han insistido que se está en un error eliminar la importación del grano versión transgénico, y lo que es peor, los Estados Unidos no lo permitirá porque el tamaño de la importación es de 17 millones de toneladas y la utilidad de alrededor de 6 mil millones de dólares. Esta cantidad sería, en principio, la que estaría en los tribunales como daño a resarcir si el gobierno de México no logra demostrar que el producto afecta el consumo humano.
Lo que se advierte es que se está en el camino equivocado el restringir el comercio agrícola porque afectará la seguridad alimentaria; se violenta el capítulo de medidas sanitarias, fitosanitarias y barreras técnicas al Tratado Comercial que se tiene con los Estados Unidos y Canadá, y lo peor que pareciera es que no saben o no quieren entender que se viola el Tratado porque México estaría restringiendo la actividad económica en perjuicio de los productores, los cuales ya presionan al Congreso estadounidense para que haga su parte internacional y se dirima su solución en un panel.
Nada nos gustaría más que las autoridades agropecuarias y de salud nos taparan la boca por negativos o poco optimistas a la postura gubernamental, pero como se ven las cosas, no por un decreto en papel se revertirá de la noche a la mañana el tradicional comercio con Estados Unidos y otras naciones que producen el maíz amarillo.
Otro punto a discusión es que en los casi 24 años que se tienen los nexos comerciales no ha habido un solo caso en humanos en el que el consumo del maíz amarillo haga daño. Los conocedores agrícolas han hecho saber que no existe en el mundo ningún antecedente al respecto.
Los especialistas refieren que la postura ideológica y política dista mucho a lo que la ciencia dice y en esta posición se está en riesgo de tener sobre la mesa legal, otro panel de controversia en las importaciones agrícolas como el que se dirimirá con el tema energético.
Quisiéramos acogernos a la confianza que manifiesta el mandatario mexicano, pero lamentablemente la experiencia nos dice que, si no hay la evidencia que compruebe que el maíz amarillo daña la salud humana, para el 2024 estaremos en la antesala de un nuevo descalabro que costará no sólo dinero, sino que podría afectar seriamente las relaciones comerciales entre ambas naciones.
Y en este panorama nos quedamos con una frase que omitió un especialista que sigue el caso de cerca “o México se sube a la ciencia o perderá la conciencia y habrá problemas económicos serios para el país”. Ojalá se equivoque.










