A Patricia Armendáriz le gusta pendejear a la gente porque es de “mecha corta”

En la reciente grabación donde se muestra a la diputada federal por Chiapas, Patricia Armendáriz, pendejear y maltratar a indígenas lacandones, con quienes se reunió hace ya varios ayeres para evaluar los avances de algunos temas en los que la legisladora los apoya, le salió su verdadero yo. La diputada por Morena, el partido que no se cansa de repetir que respeta los derechos de todas las clases sociales, y en especial, de los que menos tienen, se escucha decir, en forma muy alterada, casi a gritos, que “o me presentan programas de desarrollo o se van a ir a la chingada».

En audio filtrado a los medios y en redes sociales, se escucha a una legisladora fuera de sus casillas, reclamándole al líder lacandón Chankim Colocho y a un nutrido grupo de comuneros, que son ya “varias reuniones y me salen con pendejadas”.

Armendáriz aduce que es de “mecha corta” y por ello su reacción agresiva, que está consciente, debe atender porque es una constante en su vida. Si es así, de temperamento de “mírame y no me tientes”, no queremos imaginar en qué estado mental se encuentra su equipo de trabajo que tiene que aguantarles sus majaderías.

En el pasado había innumerables ejemplos de funcionarios de primer nivel que practicaban esta práctica de “sacar adelante el estado”, y no dudamos que actualmente existan muchos casos parecidos, donde el jefe o la jefa trate con la punta del zapato a sus empleados, pero más a los de “su confianza”. Afortunadamente las redes sociales han limitado esas conductas inapropiadas.

Qué bueno que la legisladora escupió para arriba que los ha ayudado en un proyecto, que al parecer es la puesta en marcha de un hotel, con el pago de 15 mil pesos mensuales para el trabajo del abogado que se encarga de arreglar la papelería correspondiente, pero esto no le da derecho a restregarles en la cara que se está extralimitando en su ayuda.

Además, el dinero no lo saca de su bolsa, sino de las prerrogativas que le brinda la Cámara de Diputados para poder sufragar los gastos legislativos, propios de su encomienda. Y, por si fuera poco, ese recurso es parte de los impuestos que los chiapanecos pagan al Estado y éste ve cómo lo gastan.

Así es que gratis no lo hace, porque para añadirle una cereza en el pastel, para eso percibe un salario que no es ni el equivalente al salario mínimo ni a un sueldo mensual de 20 o 30 mil pesos. Los onerosos recursos que perciben no son corresponsales a lo que realmente desempeñan.

Aunque en esto de mentar madres y pendejear a la población más necesitada, cobra muy bien la diputada que, por cierto, no es la primera vez que es objeto de escarnio público por la forma en que se conduce.

La también empresaria tiene en su expediente hechos o actuaciones nada dignas de admirar como su confesión en tribuna, que luego intentó desmentir, que durante los sexenios de los expresidentes Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo Ponce de León, entre los años 1988 y el año 2000, recibía “moches” en reestructuraciones municipales de gastos y contrataciones.

En su anecdotario también está la famosa petición que hiciera de que los periodistas de México deberían dar a conocer sus ingresos y las fuentes de éstos, “por su función de informar”. Ello por el enfrentamiento que a lo largo del sexenio han tenido algunos comunicadores con el mandatario federal.  O aquel donde abandonó la conferencia que sostenía en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, tras los abucheos de los asistentes. La legisladora intentaba defender la política económica del gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, cuando varios asistentes le censuraron sus críticas.

Si bien en el caso de la regañada, como dicen los jóvenes, “marca llorarás”, que les profirió a los lacandones, ya se disculpó, no se vale que no quiera salirse por la tangente al intentar envolver o disfrazar su pésimo carácter al decir que no se debe perder el verdadero problema que envuelve a las comunidades indígenas.

Ciertamente eso lo sabemos todos, pero si se trata de mentar madres, mejor que renuncie a su curul y que se dedique de lleno a sus negocios, pues bien parece que el gusto por gritar y azotar el escritorio es una buena táctica que le da resultados.

“Ahora resulta que decirles a los lacandones que son pendejos significa que es un “grito de dolor en contra del paternalismo que impera en Chiapas”, que no manche con ese argumento ramplón que sólo puede esperarse, ahora sabemos con certeza, de quien viene.

Ojalá esa mecha corta que dice padecer se refleje en la forma de defender a los chiapanecos no de atacarlos. No queremos ni imaginar que fuera de las clases más desprotegidas si llegase a ocupar la gubernatura -aspiración que ha dicho buscará para el 2024-, ahí si cabría lo que en el argot popular se dice: “Que Dios los agarre confesados”.

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