Albores sólo se sirvió del PRI; ¿lo cobijará el Verde?

Las tempestades en el Partido Revolucionario Institucional están a la orden del día y las diferencias se irán remarcando conforme pase el tiempo para llegar a la elección municipal, estatal y federal que se disputará el próximo año.

La renuncia que hizo pública el jueves pasado a través de las redes sociales el que fuera candidato a la gubernatura del estado de Chiapas en el 2018, Roberto Albores Gleason, sacó chascarrillos en el sentido de que a los chapulines le llegó la hora de la política, el momento de mover las piezas del ajedrez político.

Su decisión de no pertenecer más al instituto político donde se forjó y consolidó su padre, Roberto Albores Guillén, quien catapultó al hijo a las grandes ligas, tiene que ver porque en breve lo veremos cambiando de camiseta como si fuera un jugador de futbol, que se va a vestir otra playera, aunque a sus supuestos seguidores los deje con un palmo de narices.

Roberto Albores hijo, inactivo desde que perdió la elección ante el hoy gobernador Rutilio Escandón Cadenas, había tenido esporádicas apariciones públicas, escondiéndose prácticamente para no ser objeto de escarnio político.

En su carta de “despedida” dice añorar los buenos tiempos del partido, postura que no concuerda en lo que dice con lo que hace, pue si en verdad sintiera los colores del Revolucionario Institucional, partido que le dio gloria estando como diputado federal y senador de la República, desde hace cinco años en lugar de esconderse entre cuatro paredes, hubiese salido a recorrer la entidad, fortalecer a las bases, a unificar a la militancia, a brindarle confianza.

Pero no, al contrario, se escabulló, se volvió invisible.  Seguramente su señor padre ha movido cielo, mar y tierra para que en las próximas elecciones lo vean participando con una camiseta del Partido Verde Ecologista de México, buscando arañar una diputación federal o un escaño en el senado.

Aseguró en su carta de renuncia que se “esforzó por hacer del PRI una organización democrática, cercana a la gente y efectiva”, pero todo indica que no pudo, simplemente porque no es lo mismo caminar solo que están secundado por su padre.

Lo curioso del caso es que siendo candidato a gobernador fue respaldado por los partidos Nueva Alianza, Chiapas Unido y Mover a Chiapas. Los tres, hoy prácticamente están a la orden de Morena, lo que significa que el trabajo de base no es lo fuerte de Albores ni de los partidos mencionados.

Además, en la misiva que seguramente le redactó su padre, asegura que hay prácticas políticas tradicionales cada vez más desalineadas con las expectativas y necesidades reales de la sociedad, y, por lo tanto, sugiere desterrar la simulación y el engaño. Si así piensa, entonces porqué se fue, que no era mejor agarrar el toro por los cuernos y trabajar desde abajo.

Muy ufano, critica que no se practica la democracia en algunas organizaciones políticas, no trabajan con la gente ni los liderazgos genuinos, no buscan ganar sino administrar las derrotas y no hay congruencia política. Sin duda que se muerde la boca al soltar esta perorata de descalificaciones.

Sin embargo, la carta que por cierto dirige al líder nacional del PRI, Alejandro Moreno Cárdenas, tuvo una rápida respuesta del Comité Directivo Estatal que dirige Rubén Zuarth Esquinca, quien inicia con la lamentación de que la dimisión de cualquiera siempre será una pena, pero en este caso, no.

Precisa que no es una sorpresa porque en realidad desde el 2018 había desaparecido del mapa; no tenía liderazgo ni presencia dentro de las bases, y quienes lo acompañaron en su aventura hacia la gubernatura ya no estaban en el PRI y en dicho caso, nunca se pronunció para criticar o fijar postura. Guardó silencio, como cómplice de lo que él haría en lo sucesivo, sólo esperaba el momento propicio para alimentar intereses personales, no del PRI.

Fue una renuncia innecesaria y, por lo tanto, hay que darle vuelta a la página, dijo el dirigente priista. Lo que pensamos, creemos quiso decir, es que no vale la pena el desgaste contra alguien que no ha servido al partido, al contrario, se sirvió de él; se olvidó de las bases y, por lo tanto, no se puede premiar a los que se alejan.

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