La doble moral de Cecilia López Sánchez
En todos lados se cuecen habas y el sector indígena no es la excepción, pues tras conocer las declaraciones públicas que hizo la diputada y vicepresidenta de la Mesa Directiva del Congreso del estado de Chiapas, Cecilia López Sánchez, bien le asienta el refrán popular que dice: “Para tener la lengua larga se tiene que tener la cola corta”.
Resulta que la legisladora indígena que muta de color de partido según convenga a sus intereses personales, descalifica los hechos registrados en el municipio de Pantelhó, donde son los mismos indígenas los que se están autodestruyendo, aunque es cierto que es lamentable que haya enfrentamientos entre los mismos habitantes de la demarcación de esta zona de los Altos de Chiapas.
La diputada, empoderada en la LXVIII Legislatura local, ha encontrado la forma de cómo vivir sin trabajar pues a la fecha no se le conoce una iniciativa que haya mejorado la calidad de vida de los indígenas que dice representa.
La legisladora, en sus casi nueve años en el Congreso del Estado, sólo ha tenido la viveza de presentar la iniciativa de acabar con el robo de identidad de indígenas, en el sentido de que mestizos se aprovecharon para candidatearse como diputados representando a determinado distrito.
Son los propios ciudadanos de Oxchuc, aunque ella en este momento represente al distrito con cabecera en Las Margaritas, los que no la quieren ver ni en pintura por la serie de acciones que ordenó se realizaran para desbancar y sacar del rol político a su archienemiga, María Gloria Sánchez Gómez, entonces alcaldesa de Oxchuc.
Por ello los propios habitantes de este municipio cuestionan la certeza de que está limpia en sus dichos para opinar de lo que no ha hecho bien con tal de encumbrarse en el poder. La legisladora habla de que debe haber respeto a los usos y costumbres de los pueblos indígenas y que esta práctica ancestral va más allá de estar peleándose entre hermanos.
En ese sentido, todo lo que diga, como se dice en el ámbito judicial, será usado en su contra, pues al hacer énfasis en que se priorice la negociación, el diálogo y los buenos acuerdos, está traicionando sus principios, pues basta recordar las noches y días de horror que protagonizó cuando grupos de indígenas bajo su mando causaron disturbios, quemando la casa de la ex alcaldesa María Gloria, quien quería volver a ser candidata, pero por la injerencia de la diputada Cecilia, tuvo que autoexiliarse.
Al estilo de los desplazados, la ex presidenta municipal y su esposo Norberto Sántiz, salieron de la escena pública, pues a decir de ellos, el juramento que les profirió su adversaria es que mientras estuviera en el poder de ella dependía que no volvieran a figurar en algún espacio público.
De ello ya ha pasado más varios años y todo indica que se ha cumplido la sentencia. Por ello la tres veces diputada se muerde la lengua cuando intenta dar clases de buenos modales para llamar a la hermandad a los indígenas.
A la ciudadanía le asiste la razón cuando critica esta doble moral de la legisladora, pues no por buena persona también fue objeto de que sus adversarios de Oxchuc le hayan quemado su casa, que por cierto ya no habita pues le asentó vivir en las grandes urbes como San Cristóbal y Tuxtla Gutiérrez, pues su sueldo, aparte de legisladora, vicepresidenta de la Mesa Directiva y por integrar ocho comisiones del Congreso del Estado, le da para eso y más, mientras tanto, que sus “hermanos” indígenas se sigan matando en Oxchuc, total, ella representa a los municipios que integran el Distrito de Las Margaritas.
Como contexto a su discurso inverso, está la prueba de que ella comandaba a los grupos de choque, como aquella grabación cuando fue captada en el barrio El Calvario, en San Cristóbal de Las Casas, la zona donde incitó a la violencia e impidió la función del Ayuntamiento electo que encabezaba María Gloria Sánchez Gómez, que por cierto logró no pudiera ejercer sus funciones.
Y para rematar, los pobladores de Las Margaritas, Altamirano, Amatenango del Valle, Chanal, Ocosingo, Benemérito de Las Américas, Maravilla Tenejapa y Marqués de Comillas, no saben hoy en día quién los representa o qué ha hecho por ellos.
En fin, mientras tanto, Cecilia se lava las manos mandando mensajes reconciliatorios, algo que no está en su chip ni en su diccionario. Por cierto, como colofón, la diputada intenta comprar el silencio de los reporteros de la fuente extendiéndoles un billete de cien pesos para tenerlos de su lado. ¡Qué descaro!










