Circuito interior, una obra con más pros que contras

Por lo que vemos en la práctica, ahora resulta que cualquier hijo de vecino se inconforma y con sus publicaciones en sus cuentas personales se apresuran a echar abajo el lema de que “obras son amores”.

Si no les gusta o su cualidad es llevar siempre la contraria deberían pensar entonces en irse a buscar la ciudad perfecta, pues según los propios internautas, contrarios a dicha forma de pensar, no todo es malo en esta vida, pues lo que ahora intentamos despreciar o negar, nuestros hijos se verán en la necesidad de implementar el día de mañana.

Esto viene a cuento ahora que la obra del Circuito Interior “Chiapas de Corazón” que se anunció desde febrero y que se empezaría a construir en abril de este año, se mantiene parada. El argumento es que no había un estudio de impacto ambiental por los daños que ocasionará el derribo de árboles en la zona donde se ubicará este complejo urbano vial.

Cierto es que en cualquier obra se tiene que destruir para edificar. Lo mismo pasó en los tiempos de Pablo Salazar Mendiguchía, cuando inició las construcciones de los pasos a desnivel que se ubican sobre el Libramiento Norte a la altura de la Calle Central y otro más por el ISSTECH -este comienza por la Fiscalía General del estado y termina en el Campo de Béisbol Panchón Contreras-.

¿En aquel tiempo hubo protestas? Claro que no y no porque se estuviera de acuerdo en la destrucción de arbolado, sino porque era necesario. La ciudad crecía a pasos agigantados. Lo mismo sucede dos décadas después. Las obras que realiza el gobierno del estado no son un capricho o para ensalzar la investidura del gobernante.

Aunque cueste un poco de trabajo, tenemos que entender que la mancha urbana se ha encargado de “sugerir” que se requieren nuevas vías o por lo menos, ampliarlas. Como dicen los expertos que han edificado rascacielos para salvar los espacios poblacionales de las grandes ciudades, hay que “crecer para arriba”.

Y justo es lo que pasa con las grandes ciudades de Chiapas como lo es Tuxtla Gutiérrez o Tapachula, sólo por citar dos casos, pues las vías de comunicación para dar paso a más de cien mil vehículos al día, son insuficientes, se han quedado atrapadas.

Los grupos que han interpuesto amparos para parar los pasos a desnivel a la altura de Caña Hueca y que se enlazará con el bulevar Belisario Domínguez, a la altura del Puente de Colores, los han perdido, pues al final los jueces los han echado para abajo cuando en el proyecto se han dado cuenta que existe un programa de recuperación de la flora.

Es una obra majestuosa, emblemática que tendrá un paso elevado de 2.92 kilómetros. La Secretaría de Obras Públicas estima que son más de 174 mil vehículos que transitan por la zona. Si los números no mienten, ahora se entiende porque los automovilistas siempre andan de mal humor al quedar atrapados en esta zona.

Al final del día, los inconformes saben que la obra no tardará en iniciar su edificación. Saben que sus problemas de comunicación se afectarán, conocen a la perfección que su viacrucis será largo, pero al final, también saben que será lo mejor que pueda suceder. Y, por si fuera poco, los mil 200 millones de pesos que inicialmente costará la obra podría incrementarse considerablemente si continúa pasando el tiempo, pues los costos de los materiales cada día están más caros.

Ahora que distintos sectores empresariales -quienes deberían ser los primeros en reprobar la obra porque afectaría sus intereses- son los que acaban de revivir el tema en el sentido de que el desarrollo no debe detenerse pues es una obra de impacto social y de progreso, es una buena oportunidad para que la Secretaría de Obras Públicas salga a decir en qué situación legal se encuentran los amparos y si ya no hay impedimento que se empiece a construir.

En el lado norte oriente, en las inmediaciones de la Torre Chiapas, se construye desde principios de año el paso a Desnivel. Esta obra, sin duda que está provocando muchas pérdidas económicas a los empresarios; hay dos universidades particulares, y dos preparatorias de gobierno, además de toda la burocracia estatal, así como el DIF con todo y sus atenciones con terapia, el Conalep, todas afectadas, pero hasta ahora, ninguna voz se ha alzado para protestar.

Todos fueron testigos de cómo todo el arbolado del camellón central fue tirado, todos están sufriendo la ola de calor acompañada de polvo y tierra que el aire hace remolinar en la zona. El tránsito vehicular en los cuatro polos está suspendido y hay que dar mucha vuelta, pero no hay de otra.

El desarrollo o cualquier esfuerzo cuesta, se sufre. Si los “ambientalistas” están tomando el tema del Circuito Interior como bandera política, pues que mal. Lo cierto es que la obra debe iniciar, y si los detractores piensan que urge porque el gobierno la programó para que quedara lista antes de que se realicen las elecciones, pues es muy fácil, que se reprograme su construcción y que se diga una fecha cualquiera que no tenga que ver con este hecho electoral.

Lo que la mayoría pugna es tener vías rápidas, libres y en buen estado. Los casos de los dos libramientos construidos en el lado sur y el doble paso a desnivel en la zona de Plan de Ayala, son un ejemplo de ello, ahora que si se argumenta que hubo transas, entonces es más fácil el tema, denunciar y evidenciar y que la justicia se encargue. Lo cierto es que el tiempo pondrá a cada quien en su lugar que le corresponde.

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