Con los hijos, no
Lamentable, muy lamentable que las diferencias políticas o las inconformidades sociales por supuestos fraudes, errores involuntarios o a propósito cometidos por servidores públicos, sus represalias o consecuencias tengan que repercutir con los hijos de una autoridad municipal. Eso no se vale, aunque sean muy justas las demandas de los involucrados en un hecho social.
La sociedad cada día va perdiendo el humanismo que le caracterizaba para ayudar al prójimo, para tenderse la mano mutuamente y para resolver de manera civilizada los problemas que se presentaran.
Desgraciadamente la polarización cultivada por décadas, producto, en la mayoría de las veces, por quienes han ostentado el poder, han derivado que la gente se defienda de lo que considera una injusticia. Es lógico que así debe ser, no permitir que haya abusos, pero esto ha ido contaminando las formas.
Alguna vez ya lo habíamos citado, pero a raíz del levantamiento armado por parte del EZLN, ciertos grupos, utilizando la bandera indigenista, cometen atropellos al amparo de la ley, provocando que esta práctica se haya generalizado en actos intimidatorios, con violencia y en muchos de estos sucesos, sin razón de ser.
El fin de semana, un hecho que ha conmocionado a la sociedad chiapaneca es la forma en que un grupo de pobladores de la comunidad Oxinam, muy bien organizados, plagiaron primero al tesorero del municipio de Mitontic. En una segunda acción, otro grupo de hombres sacaron por la fuerza a los hijos de la alcaldesa de su domicilio ubicado en el municipio de San Cristóbal.
Protestan porque se “perdieron” o se hizo creer, por parte del tesorero, que había sido objeto de un asalto, donde le quitaron la suma de 5 millones de pesos. El tema ha sido el motivo para que haya este conflicto que, incluso, puede poner en peligro la vida de los dos hijos de la alcaldesa Maruca Méndez Méndez. El dinero supuestamente era para destinarlo a obras sociales a la comunidad citada.
De los dos vástagos, uno tiene 21 y otro más 24 años. Las imágenes que se difundieron en redes sociales donde aparecen los dos, esposados y amarrados con un lazo, causó indignación; el video se corta cuando empiezan a colgarlos.
Todos, sin excepción, nos hemos alimentado y crecido con la idea que ni todo el dinero del mundo puede valer tanto como la vida de un ser humano. Para una madre de familia, claro que es verdad. Lo vive y lo padece como si ella misma lo estuviera sufriendo.
Más allá del sentimentalismo que esto puede interpretarse está la vida misma de las tres personas, y de sus consecuencias en lo inmediato. Hoy no se trata de minimizar el acontecimiento como una detención para intercambiar la integridad de los jóvenes y del tesorero municipal por una suma de dinero. Se trata de las formas y el fondo que han tomado las protestas no sólo en Chiapas, sino en la mayoría de las entidades del país.
Otro hecho desgarrador está registrado fuera del estado. No se concibe que a estas alturas nos enteremos de acontecimientos más que trágicos, sin nombre, sin una explicación que nos diga porqué se ha llegado al extremo de encontrar cuerpos de personas desmembradas, congeladas, como si fueran parte del producto que se guarda para irlo a vender al mercado.
Cierto, cuando se habla del crimen organizado son palabras mayores pues el descubrimiento de los cuerpos de por lo menos 13 personas en el estado de Veracruz todo indica que es una pelea entre grupos armados, entre cárteles de la droga. Por lo menos eso ha dicho la autoridad veracruzana, aunque para otros pueda existir otra hipótesis y esta sea de algún demente que anda por la calle matando gente.
Este desgarrador ejemplo nos pone los pies sobre la tierra para asumir la realidad de hechos sociales que están dando paso a la barbarie, a los actos sin razón.
Los hijos de la alcaldesa de Mitontic, aun en el supuesto de que haya irregularidades en su forma de gobernar, no tienen por qué sufrir las consecuencias de una turba de personas que para exigir lo que “por derecho les corresponde” hasta pueden convertirse en asesinos. Eso no se vale y la autoridad tiene la obligación de actuar, no de guardar silencio y dejar que el final esté en la mente de cada uno de los chiapanecos.
Si por lo que se les acusa a las autoridades municipales hay razón entonces que se les castigue y punto, pero no más violencia, menos contra parientes de autoridades que ignoran si lo que hacen sus padres es correcto o está fuera de la ley.










