Caso Mitontic, ¿atraco o simulacro?

La descomposición social, producto de muchos años de imposiciones y actos de corrupción, continúa permeando en los hogares de chiapanecos, principalmente en aquellos que carecen de servicios sociales, de obras públicas, de atención gubernamental.

Pese a todos los apoyos sociales que hoy en día se pregonan como la bandera universal para combatir la pobreza, con los cuales, dice el Inegi, se ha reducido en 5 millones de familias mexicanas, las condiciones insalubres, de falta de agua, de caminos y de todo lo que usted quiera, es una constante que se encuentran en los miles de poblados que forman parte del territorio chiapaneco.

Quizás por ello hoy en día las poblaciones, principalmente las indígenas, toman muy en serio los compromisos que las autoridades municipales o ejidales comprometen, sobre todo cuando se trata de conseguir votos que los lleven al poder.

Además, a esta desatención también le rodea la corrupción o el engaño que realizan los servidores públicos cuando ya están encumbrados en el poder, como si ello fuera garantía para que no los toquen o perduren todo el tiempo en la administración pública.

Todo este panorama se engloba justamente en el reciente caso registrado en el municipio de Mitontic, en específico en la comunidad indígena de Oximan, donde los pobladores no creyeron que al tesorero municipal le hayan robado casi seis millones de pesos que había ido a retirar a una sucursal bancaria del municipio de San Cristóbal, recurso que sería utilizado para obras sociales de la localidad en mención.

Sobre este caso, si así fue, tiene muchas interrogantes que la Fiscalía General Indígena que radica y opera en la zona Altos debe ya estar analizando, pues todo surge muy rápido como para sacar conjeturas que en realidad se trató de un robo.

Resulta que, a su regreso de San Cristóbal, camino rumbo al municipio de Mitontic, el 9 de agosto, el tesorero fue “asaltado”. Todo bien hasta ahí, aunque la película empieza al no conocerse hasta ahora por qué no se presentó de inmediato una denuncia penal ante el ministerio público.

No se detallaron los pormenores, dónde fue el atraco, características de quienes fueron los actores del asalto; cuántos eran los que lo cometieron y si escaparon a pie o en alguna unidad motorizada. Tampoco se conoce si el tesorero iba acompañado o solo, pues en este último punto no es posible que alguien con semejante cantidad de dinero se traslade muy campante por los solitarios caminos que llevan al municipio indígena de Mitontic.

Además, quienes cometieron el “atraco”, sabían de antemano que el funcionario municipal llevaba una fuerte cantidad de dinero. Sí es así en esto hay más que gato encerrado, debe ser un elefante, pero da la casualidad que nadie lo ha visto hasta este momento.

También es muy extraño que los habitantes o autoridades de la comunidad Oximan hayan sido los que se enteraron del asalto, pero de inmediato dudaron de que haya sido verdad.

Por otro lado, el 13 de agosto, en la detención de los hijos de la alcaldesa en la ciudad de San Cristóbal de Las Casas, donde viven, suponemos por seguridad o porque estén estudiando, quién tiene la jerarquía o los recursos para contratar y mandar a un grupo de seis personas, todas con pasamontañas y armados hasta los dientes, para secuestrar del domicilio que habitan los vástagos de la alcaldesa, en horas de la madrugada.

Muy, pero muy raro todo este acontecimiento que cimbró los medios nacionales, pues se armó toda una estrategia para registrar un hecho delincuencial en un evento con impacto social. Decíamos que son muchas preguntas y pocas respuestas, pues en las entrevistas que los reporteros hicieron a los padres de los jóvenes secuestrados no hubo una sola lágrima o acto de sentimentalismo que profundizara en las entrañas una verdadera preocupación por la vida de los jóvenes y del tesorero.

En este caso el tesorero es el principal sospechoso y no se descarta que haya habido complicidad con las autoridades de la comunidad, pues en actos como estos, lo que primero resalta es la brutalidad de algunos que incentivan a la gente a golpear y en ocasiones hasta matar a inocentes con tal de conseguir su objetivo. No decimos que este sea el caso, pero la “dulzura” con la que fueron tratados Fernando y Luis, hijos de la alcaldesa Maruca Méndez, también suele tener sus sospechas.

Ahora bien, qué en las leyes mexicanas no se castiga a quien secuestra a alguien y pide un rescate por liberar a la víctima. El drama de esta telenovela tuvo un buen fin para todos, aunque el que pierde es la autoridad de justicia, pues para resolver los problemas se le hace fácil intervenir dando dinero para desactivar la bomba. Ojalá y nos equivoquemos por estar invocando o narrando cosas que suelen estar en nuestras mentes perversas. Cuánto daríamos porque así fuese, pero, insistimos, la realidad es otra.

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