“Checo” Pérez, el político ventajoso

Cada vez que el ciudadano se “echa” un brinco por las noticias que aparecen en los periódicos o los portales digitales -sin tomar en cuenta el tema de la inseguridad y la violencia- queda sorprendido de lo que se encuentra en sus páginas: O se asombra o simplemente da risa de las cosas que en éstos se plasman.

En este caso no podía faltar citar lo que sucede en la política con tal de acceder al poder o continuar buscando la forma de seguir incrustado en ella, aunque en el procedimiento se conozcan las verdaderas intenciones de quienes hacen uso de ello.

En México, la mayoría de sus habitantes han oído o visto en alguna ocasión las grandes proezas que ha realizado Sergio Pérez, el integrante de la Fórmula Uno, uno de los deportes más apasionantes en el mundo del automovilismo, y si no fuera por las carreras y triunfos que ha protagonizado el originario de Guadalajara, Jalisco, este deporte prácticamente no sería conocido hoy en día.

Al famoso “Checo” Pérez le ha costado sudor y lágrimas llegar hasta donde hoy se encuentra, participando en esta justa, con los máximos exponentes del mundo de la velocidad. Este joven sí que le ha sufrido para forjar su nombre. Su carrera triunfadora lo tiene en estos momentos en los “cuernos de la luna” y no es para menos.

En los dos últimos años ha estado en el pódium, muy orgulloso, viendo cómo se ondea la bandera mexicana debido a sus constantes triunfos en la escudería Red Bull. Sus triunfos han hecho que los mexicanos, que ni siquiera conocen las reglas de este deporte, se sientan orgullosos y levanten el pecho reconociendo que son dignos seguidores del competidor mexicano.

¿Por qué se retoma este ejemplo con la política? Muy sencillo: No ha cambiado la mentalidad de algunos personajes que se sirven o aprovechan las ventajas de los triunfadores, como es el caso de esta disciplina.

Ahí está el caso del senador de Morena que lleva el nombre de Sergio Pérez Flores y quien en julio solicitó a la Cámara Alta que su nombre en la pantalla electrónica apareciera como “Checo” Pérez. Todo este “robo de identidad” tiene un fin: ser identificado por las masas para ir posesionándose como posible candidato al gobierno del estado de Morelos por el partido Morena, en el que actualmente “gobierna” con más contras que pros el afamado exfutbolista, Cuauhtémoc Blanco.

Quizás muchos dirán que a las personas que tienen el nombre de Sergio los llaman por el diminutivo de “Checo”. Sí, está correcto. Lo que está mal o por lo menos se piensa que se haya actuado con alevosía y ventaja es que este cambio de “denominación pública” no la haya realizado desde hace cinco años que tomó asiento en la Cámara de Senadores.

Además, que ahora diga que forma parte de la “escudería de Morena”, comprueba lo que en el ámbito político se comenta y es que el senador no tenga otros atributos para llamar la atención y sí abusar de la condición que las circunstancias de la fama pública le convienen.

Si bajo esta condición, el partido Morena y su liderazgo abraza al “Checo” para que consiga obtener la gubernatura, pues qué mal estamos, aunque ello demuestra en los hechos qué clase de políticos tiene México como representantes populares.

Bueno, sin ir más lejos, ahí está al gobernador de Morelos, que llegó al poder como militante del Partido Encuentro Social (PES) y ahora que ya va de salida renunció a éste para enfilarse a Morena. Por muy buen futbolista que haya sido, a la gente no se le engaña en estos menesteres. Por lo menos los de Morelos deben saber a ciencia cierta qué clase de gobernante ha sido su exjugador, señalado, incluso, de tener nexos con grupos criminales.

Por ello se especifica que la política cada vez va en detrimento de las buenas causas. Dice un refrán popular que “no hagas cosas buenas que parezcan malas” y justo se aplica para el “Checo” donde Morena lo quiere empoderar.

Aunque en este caso un robo de identidad como tal no lo es, no tenía sentido que en la Cámara Alta se ocuparan de autorizar que en tablero electrónico apareciera su alias o que interviniera en tribuna con el mote de “Checo”.

Sólo falta que un día de estos, cuando llegue a las sesiones del Senado, baje de un majestuoso carro de carreras, con publicidad haciendo eco a sus acciones como legislador. Estas excentricidades no serían para nada sinónimo de que estamos ante un político de altura, y sobre todo que pueda ser un gobernante que dé garantía de desarrollo y bienestar para su pueblo.

Si Sergio Pérez cuenta con dos maestrías, una en Administración Pública y otra en Ciencias Políticas y Sociales, y además es integrante de nueve comisiones en el Senado, entonces, lo más seguro, es que sea un buen legislador y si es así, que lo demuestre y no recurra a deidades cuando ni por asomo imita al profesional de la velocidad.

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