Hoy se aclara la telenovela de Ebrard
Las apuestas y cientos de comentarios sobre lo que pasará con la vida política de Marcelo Ebrard Casaubón, la corcholata que terminó en segundo lugar de la encuesta que ganó Claudia Sheinbaum Pardo, como coordinadora de la Cuarta Transformación y a la postre, candidata a la presidencia de la República por el bloque Morena, PVEM y PT, se definen hoy lunes.
Este inicio de semana se dejará de lado las especulaciones, las conjeturas y demás análisis que, del miércoles a este día, han derramado miles de litros de tinta en los escritos en medios impresos, así como desgañitado a miles de hombres y mujeres a través de la radio, la televisión, programas en redes sociales y demás plataformas digitales existentes en este mundo globalizado.
El escenario belicoso que protagonizó Ebrard al decir qué él y su equipo ya no tendrían cabida en Morena, ha sido, quizás, una de sus armas más fuertes para vender cara su derrota. Cierto es que desde un inicio en el proyecto diseñado por el propio presidente de México y aplicado para todas las corcholatas por la dirigencia de Morena, se sabía, de antemano, quién era la palomeada.
Esta decisión nunca estuvo a discusión, pero, aun así, para completar lo que muchos han llamado la farsa, las seis corcholatas, con el fin de seguir posesionando a la Cuarta Transformación, escenificaron verdaderos realitys shows para que la marca estuviera en boca de todos.
Hoy se vence el plazo que Marcelo fijó para dejar en claro si se baja del barco morenista, se sube al de Movimiento Ciudadano o le hace ojitos al Frente Amplio por México. Tampoco se descarta que se exilie y se vaya al extranjero en calidad de embajador o a dar clases. Todas ellas, como dijimos, son puras conjeturas.
Lo que es cierto es que no las tiene todas consigo, pues en el hipotético caso de que decida enfilarse a ser el candidato del partido naranja, que sólo tiene presencia en Nuevo León y Jalisco, y que por cierto está divido por las pugnas de poder entre el gobernador de la Perla Tapatía, Enrique Alfaro y el dirigente nacional de MC, Dante Delgado, su liderazgo sólo se podría estar en liderar a dicho partido y tener presencia con un mínimo de legisladores el Congreso de la Unión.
Su posición siempre estaría supeditada a los caprichos y arranques de Morena, si es que este frente ganara la elección y controlara las cámaras Baja y Alta. Del otro lado de la moneda está el decidirse a enrolarse a las filas del Frente Amplio por México, donde muy seguramente sería un factor de triunfo y donde tendría control importante, con miras a los comicios de 2030, donde, habría que decirlo, sería imposible ya que estaría rondando en los 70 años de edad.
Que haya mencionado que su estancia dentro de Morena es incierto, pues es válido y normal, cuando de política se trata. Además, en política se quiebran reglas, dichos y compromisos. La moneda está en el aire y de acuerdo a como ruede, se sabrá si fue lo mejor o tendrá que llevarlo bajo sus espaldas el resto que le quede de vida.
A la vista de todos, seguramente este fin de semana fue el más largo y agónico para el ex canciller, pero si empezamos a crear historias en el hielo, podría caber la posibilidad nada descabellada que esto sea obra del cerebro que mantiene a la Cuarta Transformación ganando todas las elecciones en los últimos cinco años.
Es decir, que la actuación de la corcholata que sacó el segundo lugar en las encuestas, esté acorde al plan maestro que ideo, programó y aplicó el presidente de México con el fin de debilitar al Frente Amplio por México, ello por el despertar de ultratumba que tuvo con su “candidata” que no estaba programada ni proyectada apareciera en el escenario político y público: Xóchitl Gálvez.
Entrar como la manzana de la discordia para crear historias de desobediencia contra el presidente no han funcionado en el sentido de que Ebrard se lanzó contra todos, principalmente contra Claudia, pero no tocó ni con el pétalo de una rosa a su amigo.
La respuesta obvia del presidente de que habría que esperar qué decide Marcelo es lo que descifra la madeja de especulaciones. Quizás, hoy, se puede decir que el arma preferida usada del mandatario para acusar a sus adversarios es la que justamente usó él para llegar al poder: Complot, una bien organizada estrategia para debilitar al enemigo, a la cual Ebrard se prestó.










