Oxchuc, una bomba de tiempo
Lo hemos dicho y remarcado, los problemas en Oxchuc no son de ahora, por lo menos tienen tres décadas donde los protagonistas políticos comunitarios han peleado el poder económico que les genera el gobierno federal y estatal con las aportaciones de recursos del Copladem, en el pasado, y ahora de los millones de pesos que se les destinan en programas sociales.
Este municipio no tiene registrado ningún repunte de alguna producción significativa ni la instalación de alguna empresa, compañía o la explotación turística de algún sitio natural. Su riqueza cultural como pueblo originario es, sin duda, su mayor legado, pero no se explota como lo hace, por ejemplo, San Juan Chamula o Zinacantán. Ese es el fuerte de ambos municipios, que el mundo conozca sus tradiciones milenarias.
Pero en Oxchuc no pasa lo mismo, por razones más políticas y de rivalidad entre familias que por años ha estado en constante beligerancia. La lucha por el poder, primero bajo el régimen democrático que practica y aplica el órgano electoral, y desde hace poco más de un lustro, por las decisiones de usos y costumbres en materia electoral que rigen a las comunidades de este municipio clave en la comunicación entre la zona Norte del Estado y la región Altos, ha sido el principal obstáculo para solucionar los conflictos que de ello se derivan.
En los recientes años se han remarcado las luchas acérrimas entre los mismos pobladores, cobijados en banderas políticas, pero que ahora los enfrentamientos se trasladen a hacerle daño a la educación, eso sí que es imperdonable.
No hay más bajeza que limitarle los espacios de aprendizaje a la niñez que está ávida de conocimientos. Eso es lo que justamente está pasando en este municipio indígena, cuyos grupos de poder se enfrascan sin medir consecuencias ni mucho menos que se analice el daño que se provoca cuando los “misiles” que se lanzan destruyen el sueño de niños que añoran salir de esa pobreza educativa que los rodea y viven en carne propia por las ambiciones de unos cuántos.
Que hayan incendiado aulas escolares, donde maestros comunitarios de Conafe se encargaban de brindar educación a los niños de la comunidad Tajaltik, es tan aberrante y criminal como asesinar a jóvenes indefensos que se niegan a ingresar a las filas de grupos delincuenciales.
Por muy rudimentarias que se vean, los salones de clases estaban acondicionadas con apenas lo indispensable para asistir a recibir educación, pero la política, la rivalidad entre los pobladores o entre autoridades y algunos líderes, puede más que ver crecer a la niñez. Ahora se quedarán varados por un buen tiempo hasta que se gestione y se construyan nuevos salones, aunque también habrá que analizar si hay las condiciones para que esto suceda.
Las primeras denuncias que surgieron en redes sociales es que el hecho se le atribuye a un grupo paramilitar que opera en el paraje Cholol comandado por Emilio Expin, Alberto alias “el Dragón”. A él se le señala de tener antecedentes negativos por liderar a un grupo de asaltante en tramos carreteros de la zona Norte del estado.
El argumento de su fechoría es falaz, innecesario y hasta primitivo, en el sentido de que hay desacuerdo porque los habitantes de esta comunidad se unirían a la lucha de muchas comunidades exigiendo la distribución transparente del recurso 2023 que recibió Oxchuc.
¿Qué tiene que ver eso con incendiar aulas escolares? De este tamaño es la ignorancia y la mala vibra de quienes en realidad hayan cometido este crimen contra la niñez.
Oxchuc ha sido un dolor de cabeza para el gobierno estatal. Su importancia de estar como punto intermedio geográficamente hablando entre Ocosingo y San Cristóbal la ha utilizado para sus fines estratégicos de comunicación para dos zonas de relevante importancia para Chiapas.
Sin embargo, tanta ha sido su inoportuna acción, que ahora los que les cerraron el paso a los pobladores de Oxchuc son los transportistas y la sociedad de Huixtán, un municipio colindante, quienes bloquearon la vía que conduce a San Cristóbal y Ocosingo, otro punto al oriente de esta zona.
El taponeo sólo está dedicado a los habitantes de Oxchuc, así que quienes quieren pasar tienen que demostrar con su credencial de elector que no son originarios de dicho municipio. Un problema que más temprano que tarde traerá escenarios lamentables.
Por ello urge que las autoridades encargadas de la operación política se pongan a trabajar y desactiven esta bomba de tiempo que puede explotar en cualquier momento.










