Chiapas se le ingesta a Morena y al partido se le hace bolas el engrudo

Sabemos que la razón por la que Morena decidió postergar el resultado de las encuestas en las nueve entidades es simplemente porque los resultados favorables se enfocan a la mayoría de hombres que se apuntaron para ser los coordinadores de defensa de la Cuarta Transformación y a la postre, el candidato oficial para la gubernatura de su entidad.

Y en efecto, las consecuencias es que ahora se encuentre en problemas muy serios porque sabe Mario Delgado, dirigente nacional, que las fracturas internas podrían llevarlo a perder votos y en algunas entidades, hasta la posibilidad de la gubernatura.

De ahí que se haya dado una prórroga de más de 10 días para intentar conciliar con los actores políticos. El caso de Campeche, donde los mismos morenistas ofrecieron un espectáculo dantesco en el Congreso de aquella entidad sureña, podría ser el reflejo de que la situación no pinta bien si no se acogen a lo que la militancia y sus líderes han exigido y demostrado en la práctica que es lo mejor para su partido.

En el caso de Chiapas, la presión es muy fuerte, por lo que Morena tiene que visualizar los escenarios que se le presentan y tomar una buena decisión que no lastime a nadie, ni a hombres ni a mujeres. Sin embargo, para ser sinceros, esto no se cree se pueda evitar, por la sencilla razón de que el pulso político y sus consecuencias no lo tiene Delgado ni quienes integran el Consejo Nacional de Elecciones de Morena.

Para ser más concretos, no alcanzan a dimensionar la complejidad de una entidad que desde siempre ha estado inmersa en problemas serios de pobreza y marginación, donde el patriarcado ha sido el que ha dominado por las buenas o las malas.

Esta este es el verdadero dilema al que hay que enfrentar y sopesar lo que pueda derivar. Pero lo más importante, es que lo acontecido en la última semana es digno de analizar más allá de la forma en que se haya dado.

Es decir, el mensaje de fondo de los actores políticos de los partidos que acuerpan a Morena en la continuidad de la transformación es un problema serio que la Comisión Nacional de Elecciones tiene que darle entrada y definir como uno de los primeros puntos álgidos que no quisiéramos pensar que se le salga de las manos.

Está claro que, de los siete candidatos postulados para alcanzar la coordinación de la 4T por Chiapas, algunos se han quedado rezagados y otros más, sabiendo que no tienen la más remota posibilidad de ganar, mejor han dejado de lado su trabajo promocional para alcanzar el voto en las encuestas.

En este escenario, Morena ha recibido un golpe certero que no esperaba: Los partidos del Trabajo, y Verde Ecologista de México (PT y PVEM), entre ambos con más votantes que el mismo partido en el poder en estos momentos, se hayan pronunciado públicamente por adherirse y respaldar la candidatura del senador y actual presidente de la Junta de Coordinación Política, Eduardo Ramírez Aguilar.

No es un asunto menor y eso, se remarca en las encuestas, eleva los bonos ya de por sí hasta arriba del chiapaneco, originario de Comitán. Significa ello que personajes políticos como Jorge Luis Llaven Abarca, quien lidera los movimientos del Verde, en común acuerdo con la dirigente estatal, Valeria Santiago, y por parte del PT, Carlos Mario Estrada Urbina, diputado local y con la suficiente fuerza al interior de dicho instituto, se hayan pronunciado a favor de respaldar las intenciones de ERA para ser el representante de los comités de la cuarta transformación.

A ello agréguele que el partido Redes Sociales Progresistas haya hecho lo mismo y en cuestión de horas, lo hagan otros institutos de menor calibre, pero que gobiernan algunos municipios, y además cuentan con representantes populares en la LVIII Legislatura local.

Sólo por este tipo de “inconvenientes” a Morena se le está haciendo bolas el engrudo y eso ya es mucho decir, pues está claro que sólo en Veracruz la apuesta es por Rocío Nahle, y de ahí tiene que definir otras cuatro candidaturas para hombres y cuatro para mujeres.

Serán ocho días de mucho desgaste, de negociaciones, de crispaciones, y en una de esas, hasta de mensajes fuera de sí por quienes se verán afectados, pero, más el partido, por no tener el liderazgo para saber conducir el barco a buen puerto.

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