En el desamparo, sin auxilio, los cuerpos de emergencia
De toda la vida han sido los problemas que han enfrentado las instituciones que ofrecen servicios de emergencia y de primeros auxilios. En el pasado no se tenían los equipos y las ambulancias tan equipadas como en algún momento de los últimos años se presumía en corporaciones como la Cruz Roja.
Bueno, era tanta la precariedad, que se recuerda que los reporteros que cubrían la fuente policiaca, hacían guardias en la benemérita institución para salir -con su moto- tras las ambulancias rumbo al lugar donde vía telefónica se había reportado el accidente o el percance de la nota roja. Hoy, con un mensaje vía WhatsApp, los comunicadores salen prestos a cubrir la información que se genera casi al mismo instante que se produce.
Los tiempos han cambiado debido a la tecnología, sin embargo, pese a ello, se siguen padeciendo carencias por la apatía ciudadana que no aporta para contribuir a las acciones altruistas, y al desinterés oficial por ayudar a instancias que hacen esfuerzos sobrehumanos para auxiliar al que sufre una desgracia.
En estas mismas páginas se ha dado a conocer que en la capital chiapaneca se requieren 32 ambulancias equipadas para dar un servicio eficaz. Actualmente están medio funcionales 9, lo que significa que haya un atraso considerable en las funciones que deben ofrecer instancias como la Cruz Roja, Protección Civil estatal y municipal, Escuadrón de Rescate y Urgencias Médicas.
No se diga de unidades que utilizan los bomberos, las cuales están prácticamente inservibles y cuando acuden a ofrecer un servicio en ocasiones no tienen agua. Toda una odisea a la que se enfrentan los entrañables voluntarios que por una paupérrima remuneración arriesgan sus vidas para cumplir con su deber.
En estas limitaciones que a diario se enfrentan quienes forman parte de estos cuerpos de rescate se refleja la insensibilidad de los gobiernos en sus tres niveles para garantizar que haya unidades de calidad, equipadas con lo último en tecnología, y en cantidad para que a éstas no se les mueran las personas cuando son trasladadas a un nosocomio.
Remarcamos que se trata de un letargo, una parálisis y una impotencia que deben sentir los que prestan estos servicios cuando en sus manos ven que expira el paciente por no tener los equipos de primeros auxilios básicos y adecuados.
Justo en este punto la ciudadanía se está volviendo insensible, como si nunca en su vida pueda llegar a ocupar el servicio de un paramédico, al no aportar ayuda monetaria cuando se realizan las campañas para obtener recursos.
Pero más grave y hasta criminal, podría decirse, cuando vemos que en las campañas políticas se han tirado a la basura millonadas de pesos para promocionar imágenes de hombres y mujeres que nomás andan como los chapulines, saltando de puesto en puesto para seguir gozando de los privilegios de “servir a Chiapas”, pero para las causas sociales, de beneficencia, nomás no existen.
El punto central es que si no habrá forma de que alguien de los diputados que presumen ser muy avispados, que presente una iniciativa para que todo aspirante a un cargo de representación popular destine como punto obligatorio una parte de todo lo que se gasta en pendones, bolsas, espectaculares o pagos a medios de comunicación, y si esto fuera muy exagerado, por qué no ven que en los paquetes presupuestales de cada año se contemple una partida para que se dignifique la labor de los cuerpos de emergencia.
Comparados con otras entidades, las ambulancias, los carros de los bomberos y los equipos de primeros auxilios que éstos utilizan están por la calle de la amargura. Esta es una buena oportunidad para que las nuevas propuestas electorales hagan algo benéfico por los ciudadanos y no sólo anden tirando el dinero sin sentido.
Ni los bomberos ni los socorristas cuentan con salarios dignos, es más ni les pagan a los voluntarios y menos que tengan seguro social. Algo hay que hacer y pronto, porque no se vale que se partan el lomo, arriesgando su vida, para que los dejen desamparados, a la buena de Dios. No se vale que vivan en el desamparo.










