2024, la oportunidad para empezar a cambiar
Inició el proceso electoral 2024 que, sin duda, será el más complejo de los que se tengan memoria. Ni los controvertidos y apabullantes de las épocas pasadas se asemejarán como el que ya se está viviendo en la entidad y en las restantes 8 entidades donde también habrá que elegir a ediles, diputados, senadores, gobernadores y para todo el país, presidente de México.
La violencia e inseguridad es desde hace mucho tiempo los principales problemas que van empañando la función del gobierno federal. Este atroz cáncer social ha levantado ámpula por donde se le quiera ver, y ante la incompetencia para combatirlo, pero, sobre todo, ante la indiferencia para verlo como un problema social que nos va carcomiendo como sociedad, los chiapanecos y mexicanos nos enfrentamos a la disyuntiva de participar activamente o sólo dejar que los “políticos” hagan de las suyas para encasillarse en el poder.
El domingo por la mañana, los partidos políticos y autoridades electorales, incluido el gobierno estatal, pugnaron para celebrar y garantizar elecciones certeras, transparentes y seguras, propósitos que quisiéramos fueran tal cual, pero todos saben que no será de esta manera.
Por lo menos en Chiapas se ha detectado una mayor presencia de grupos delincuenciales, los cuales serán el principal problema para que votantes salgan de sus casas para emitir su sufragio. Pero esto no será sólo el día de la elección, sino que conforme se acerque la fecha, los problemas internos entre partidos políticos puede llegar a ponerle más sabor candente a un panorama que no se ve nada halagador.
Los llamados a fomentar la democracia y la transparencia para cada uno de quienes aspiran a los puestos de representación, simplemente son banales, sin sentido, porque en toda la entidad hay mujeres y hombres que ofenden con sus grotescas campañas anticipadas. Derrochan millones de pesos en basura electoral, violando las leyes, y más grave aún, que algunos de ellos utilicen los equipos, recursos y toda la infraestructura de ayuntamientos o dependencias de donde renunciaron. En suma, hacen y deshacen sin el menor pudor y respeto hacia los ciudadanos.
Hoy, cuando la mayoría de los chiapanecos están sufriendo por salir adelante en la llamada cuesta de enero, los dizques políticos convierten el dinero en bolsas, gorras, calendarios, almanaques, en pendones y en la promoción de espectaculares. Recurso invertido que no es suyo, sino que tuvieron el tiempo necesario para sacarlo de las partidas presupuestales gubernamentales.
A esta situación no se requiere llamados de atención a respetar la norma electoral, sino que las autoridades están obligadas a aplicar la ley, a ser congruentes. Al llamado que hizo la presidenta del IEPC, María Magdalena Vila a que todos participen parece un grito desesperado de auxilio cuando se está enclavado en medio de la selva, pues los representantes de los partidos políticos hacen como que escuchan, pero no acatan desde el momento en que dejan que sus aspirantes hagan de las suyas.
Algunos ilusionistas hablan de fiesta electoral para el 2 de junio, ojalá se les cumpla su vaticinio, pero para ser realistas, lo menos que podemos decir es que haya elecciones en paz, pues sin ser aguafiestas, no se pensaba que hubiese algo estable, previo al inicio del proceso electoral, cuando ya habían asesinado a un aspirante del PRI en la frontera sur.
Que quede claro, no se duda de la capacidad del órgano electoral para llevar a buen puerto la culminación de la jornada, sino que asuntos externos son los que deben dársele prioridad, como el garantizar la seguridad en los municipios donde se están presentando conflictos relacionados con el crimen organizado.
Ojalá que lo dicho por el gobernador Rutilio Escandón Cadenas se cumpla en el sentido de que se tiene que actuar en “congruencia e impulsar un debate real, con el ánimo de construir y empujar hacia el progreso de Chiapas, no de destruir”.
El reto es mayúsculo y no sólo se puede interpretar con tener elecciones libres y confiables. Ojalá nos equivoquemos en que la violencia pueda minar el ánimo ciudadano, y al contrario, que sea la unidad ciudadana la que nos lleve a acudir a las urnas para elegir a los representantes del pueblo, pero que en esa unidad también lleven implícito que así como se eligen, también los pueden quitar cuando se pasen de “abusados”.
No son tiempos de experimentos, ya nos hemos dado cuenta de qué se requieren gobernantes comprometidos con su gente y no más políticos que apenas ganando ya estén pensando en cómo transar para juntar su paga para su próxima encomienda pública. De ese tipo de personajes ya estamos cansados y estas elecciones deben ser la oportunidad para desecharlos.










